21 de junio de 2022, 4:00 AM
21 de junio de 2022, 4:00 AM


Con el 50,4 por ciento de los votos en segunda vuelta, el exguerrillero Gustavo Petro se convirtió este domingo en el presidente electo de Colombia que llama la atención del mundo porque será el primer presidente de izquierda que gobernará un país polarizado, que apostó por el cambio, pero que también valoró que el candidato moderó sus posiciones más radicales que había postulado durante la primera vuelta.

Si bien su candidatura provocaba cierta inquietud en las élites empresariales colombianas, en el último tiempo se ha percibido en sus palabras un mayor acercamiento real a la gente con sus preocupaciones cotidianas y un sentido de madurez que devuelve en parte la tranquilidad, a lo que se suma también su relativa distancia con Cuba y Venezuela. En cambio, parece tener más afinidad con Gabriel Boric de Chile, y el ahora candidato Lula da Silva en Brasil.

En su primer discurso como presidente electo, el exguerrillero reafirmó que Colombia cambiará, pero que no lo hará con venganzas ni para crear más odios; y pidió a la Fiscalía que libere a todos los jóvenes arrestados durante las protestas sociales de 2021.

Todos los presidentes inician sus gestiones con desafíos; en el caso de Colombia, Petro tendrá que hacer real el cambio prometido en la vida de los colombianos, pero además tendrá que encontrar la manera de entenderse con una oposición de derecha a la que necesitará en el Congreso, donde él no tiene mayoría.

El ‘acuerdo nacional’ del que hablaba es una de las principales tareas para dar gobernabilidad a su gestión. El problema es que Colombia sale bastante dividida de estas elecciones en dos partes y la tarea de concertar con el conservadurismo colombiano no le resultará tan sencilla.

Otra de las misiones urgentes e inmediatas de Petro será tranquilizar a los mercados y al poderoso empresariado de su país, a los que no les hace mucha gracia que un ex guerrillero radical se convierta en presidente.

El mandatario electo dijo que no hará expropiaciones ni iba a destruir la propiedad privada, sino que va a desarrollar el capitalismo en Colombia para superar lo que él llama premodernidad. Se entiende, por tanto, que el modelo económico colombiano continuará como está ahora. Sin embargo, también habló de regulación, una palabra que no le gusta ni a las empresas ni a los mercados.

De sus palabras se desprende cierta condición de imprevisibilidad, la misma que también podría replicarse en el ámbito militar: Petro pasará a ser comandante de unas Fuerzas Armadas a las que él combatió en el pasado y que descalificó hasta hace pocas semanas.

La noticia también se ha detenido a observar la figura de la ahora vicepresidenta electa de Colombia, Francia Márquez, una mujer afrodescendiente que representa el triunfo de las luchas colectivas que buscan la igualdad de género y las reivindicaciones étnicas.

Con 40 años de edad y originaria de las minas de oro artesanales del norte del Cauca, hija de madre partera, ella misma madre soltera, Francia Márquez es líder ambientalista que durante su juventud trabajó de empleada doméstica en Cali para financiar sus estudios y mantener a su hija.

Actualmente es abogada de la Universidad de Santiago de Cali y su llegada a la Vicepresidencia es un hito histórico que genera una alta expectativa por las conquistas sociales que ella podría impulsar desde el poder político.

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