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El lunes fue un día que sintetizó dramáticamente la Bolivia que vivimos. Por un lado, un paro nacional indefinido (solo cumplido plenamente en Santa Cruz) y por el otro el Informe anual a la nación del presidente Arce, que nadie escuchó porque se oyeron más los pitazos de la oposición mezclados con los aullidos de los parlamentarios oficialistas en defensa de “Lucho”. Además, en pleno discurso, unas “señoras de pollera” (léase cholas), arremetían a puñetazos y araños contra otras “señoras de vestido” (léase “pititas”) que se aferraban a sus curules para no ser echadas a la calle, en un torbellino de mercado.

Todo impresionó la mañana de ayer (escribo el martes) y lo que empezó la verbena, porque los malos discursos y los silbidos son pan corriente, fue la interpretación del himno nacional. Una dama lo entonó en español, aimara, quechua y guaraní. Es lo que supuse, confundido, porque fuera del español no hablo nada más. La dama fue acompañada en el canto, por los togados munidos de toda clase de disfraces, en las estrofas en español, porque después, ni Choquehuanca pudo seguir ese menjunje de palabras en que convirtieron el himno. Y eso que no lo tradujeron a las 36 lenguas oficiales porque el acto se habría convertido en una interminable ópera originaria.

Mal el vice Choquehuanca, debido a que desde hace 20 años que no deja su lenguaje esotérico y cósmico que solo él entiende. Suponemos que lo que quiso decir coincide con su obsesión sobre sexo de las piedras, la virilidad que produce la papalisa o su idea de que las manecillas del reloj deben girar hacia la izquierda, lo que hasta Evo Morales le creyó. Nada rescatable de ese señor que se pasó 11 años de canciller, uno de vicepresidente y que no ha aprendido nada, ni siquiera a llamar a la concordia, aunque se autocalifica como un hombre de paz.

Del presidente Arce no se esperaba otra cosa que comparar su gestión con la de Jeanine Añez, con el detestado “gobierno de facto” o la “derecha golpista”. Esa comparación lo alivia, lo alegra, lo alienta, porque se siente ganador. Ignora a propósito que de los 11 meses de administración de la señora Añez, ocho o nueve fueron de encierro, de cuarentena, por la peste china. Es decir que durante casi todo el período de los “fachos” la gente no trabajó, no se generó riqueza, no hubo producción adecuada, se perdieron mercados, se perdieron vidas, habiéndose recibido, para colmo, un país en picada. Compararse con un gobierno, cuya cabeza fue puesta en el Palacio por un azar diabólico, resultado de la mariconada de Morales y de su mala leche al haber provocado el corte de la sucesión constitucional, es también cobarde. Decir que su modelo es mejor que el de la “derecha golpista” es una estupidez suprema, porque ese “gobierno de facto” no tenía modelo, no tenía plan, no tenía programa, simplemente porque nunca pensó llegar a gobernar. Jeanine Añez tuvo que improvisar su gabinete sobre la marcha y encarar al Covid, la falta de dinero y a los masistas revoltosos y golpistas digitados por el huido. Vencer a los puñetazos a un convaleciente que apenas se está poniendo de pie no es de valientes, es de abusivos. No son ningún mérito los números que exhibe Arce en sus largas peroratas.

Arce fue a la Asamblea a provocar, como de costumbre, pero se encontró con la suela de su zapato. La silbatina lo aturdió y lo sacó de sus casillas. Su falta de control y nerviosismo fueron evidentes El canal del Estado tuvo que hacer malabares con el audio ambiente para que se le oyera la voz y se acallaran los pitazos Jamás se había visto bochorno igual en el Congreso. Hasta a Evo Morales se lo escuchaba con más respeto.

Es que el odio y la inquina que exuda Arce, sobre todo contra los cruceños, es inexplicable, no lo puede disimular. Los cruceños sabemos a quiénes se refiere cuando habla de golpistas, fascistas y separatistas; que no se equivoque. Sabemos a quiénes quiere perjudicar cuando aprueba sus leyes malditas y es una estocada directa cuando impone permisos a las exportaciones de soya, de carne o de cualquier producto de nuestros campos. Sabemos que continúa con la política masista, como se hizo con Pando y parte del Beni, de enviar a miles de paisanos interculturales para que avasallen nuestras tierras y quieran asentarse en lugares prósperos y que tienen dueño.

Que no insista el señor Arce en querer colonizarnos, porque pierde su tiempo innecesariamente. Si no lo sabe, la mitad de la población de Santa Cruz ya es andina o de origen colla y vive feliz entre nosotros. Mas es gente que ha llegado a trabajar desde hace muchos años, ganándose el pan sudando hasta las verijas, no asaltando lo ajeno como este gobierno quiere hacer en la Chiquitania y otras zonas de nuestro territorio.

Manfredo Kempff Suárez es Escritor


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