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26 de agosto de 2018, 12:17 PM
26 de agosto de 2018, 12:17 PM

La historia nos enseña que la primera etapa polí- tica de Bolivia duró 12 años (1952-1964) y que sus actores principales fueron Hernán Siles Zuazo y Víctor Paz Estenssoro (MNR). La segunda etapa, con una duración de 18 años (1964-1982), fue marcada por las dictaduras militares y la conducción del país con mano dura, violentando los derechos humanos hasta llegar al genocidio en algún momento.

Luego deviene una tercera etapa, en la que se retoma la democracia y las libertades son reconquistadas. Durará 21 años (1982-2003), tiempo en el que varios actores políticos se repiten y alternan el manejo del poder.

Hasta la fecha estamos en una cuarta etapa, han transcurrido 15 años desde el periodo 2003-2018, en la que han ingresado al escenario político nuevos actores: Carlos Mesa y Evo Morales. En este instante histórico entra al poder el que hasta este momento era el comodín de la élite política o militar que tuvo antes el poder, es decir, los campesinos y los obreros, con un discurso indigenista, socialista y nacionalista. Su metodología es “el gobierno de masas”, como lo hicieron sus antecesores del MNR, con uso de la fuerza, el abuso e incluso la implantación de un ré- gimen, como lo hicieron los militares en la segunda etapa. Este gobierno ha logrado la conjunción de los dos métodos empleados históricamente en Bolivia y, además, utiliza como brazo persecutor de los opositores al Órgano Judicial y al Ministerio Público, enmascarando su accionar en un marco constitucional.

En estos últimos 15 años hemos escuchado muchas fábulas nacionales, departamentales y regionales: “Si fulano no es candidato, el Sol no va a salir y la Luna se va a esconder”; “el enviado de Dios”; “si zutano no es candidato, se frenará el progreso”; etc. A nivel local se escucha: “Sin esa autoridad, no habría pavimento ni módulos educativos”; “la ciudad sería un caos”; etc. Se trata de ‘vacas sagradas’, mitos que crean los cortesanos alrededor del caudillo para que la gran mayoría de la sociedad asimile como ciertos los falaces argumentos de líderes agotados y sin energía que deben pasar la posta a una nueva generación de líderes políticos.

En conclusión, Bolivia es un gran avión que, desde 1952, viene carreteando y que no ha logrado despegar. Los circunstanciales pilotos han querido alzar vuelo con una sola ala, la izquierda o la derecha, pero una nave necesita de sus dos alas para volar, turbinas muy potentes y tecnología de última generación.

Es el momento para que haya un relevo de lí- deres políticos a escala nacional para levantar y llevar a Bolivia hacia el mundo, el de los negocios, de la inversión, de las oportunidades y de la competitividad formando nuevos emprendedores en las mejores universidades del mundo. Necesitamos un presidente joven, brioso, con visión de futuro para las nuevas generaciones que esperan por oportunidades.

A nivel de departamental necesitamos un ‘león’ joven que ruja y gobierne la manada que la defienda ante las amenazas y ataques, necesitamos construir el segundo piso de la ciudad de Santa Cruz, para ello es menester nuevos liderazgos.

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