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Platón y el virus

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Es muy fuerte la tentación de usar el mito de la caverna de Platón como una metáfora del cine o la televisión de nuestros días. Voy a aportar a este febril ejercicio.

Hace pocas semanas, el filósofo español Antonio Chazarra, en El País, recordó que ya en los años cuarenta del siglo pasado el también filósofo y español, pero republicado exiliado, Juan David García Bacca, había osado buscar analogías entre aquel famoso mito y el cine.

Platón, en el libro VII de La República, “narra que en una lúgubre cavidad subterránea hay unos extraños prisioneros, que desde niños han permanecido atados y con una argolla al cuello que les impide girar la cabeza. A la entrada de la cueva, la luz que emite un fuego, proyecta sobre la pared que hay frente a los condenados las imágenes que pasan por delante de la entrada, hombres con armas, mujeres con cántaros, grupos… Los prisioneros sólo ven sombras… Sombras de la realidad que pueden ser confundidas con la realidad misma”, recuerda Chazarra.

Es decir que desde hace 25 siglo se nos advirtió de las dictaduras de la información. Nos lo advirtió Platón, el dramaturgo que inventó a Sócrates, según dicen algunos atrevidos.

Una sala de cine se parece a esa escena imaginada por Platón. Y también las imágenes que transmite la televisión, pero en el fondo, el genio griego alude a ciudadanos que no tienen libertad de información. Los que solo pueden enterarse de la realidad mirando un muro donde se proyectan sombras, o imágenes, diseñadas por los dueños de la situación.

Los chinos, los cubanos, los venezolanos y pronto quizá los argentinos, limitados en su libertad de información por los poderes políticos del momento.

Es decir que si vives en Cuba y quieres enterarte de la realidad por la televisión, como en los demás países de esa tendencia estás condenado a ver sombras de la realidad, sombras diseñadas por los que manejan el sistema.

Y qué ganas te da de referir el mito a lo que cuenta Orwell sobre el “ministerio de la verdad”, pero, más cerca, referirse a lo que quiere el MAS en Bolivia, cuando controla no solo el canal estatal de Tv sino todos los canales “privados” que repiten lo mismo. No hay un solo muro, sino varios muros que reproducen lo que el sistema quiere.

Y cuando ha llegado la pandemia, todos recluidos en sus casas mirando la realidad a través de unas pantallas, de diferentes pulgadas, para enterarse de la realidad, mirando las sombras de lo que se da en la superficie.



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