El Deber logo
31 de enero de 2019, 4:00 AM
31 de enero de 2019, 4:00 AM

El viernes por la noche llegué a casa, habíamos quedado de ir al parque con mis hijos; mientras ellos caminaban rumbo al destino final, uno se arrodilló, agachó la cabeza y gritó: “¡Poder mapache!” mientras ponía una mano en su pecho como si apretara un botón; luego, mientras caminaba suavemente, decía: “Los mapaches son sigilosos”, saltó unos ladrillos e hizo una seña como si estuviera trepando algo, y añadió: “Los mapaches son buenos escaladores”. Mi otro hijo seguía los pasos del mayor, observaba cómo en su imaginación usaban poderes de animales sacados de unos dibujos que ven por las tardes.

Ahora bien, imaginemos que cuando ellos sean jóvenes empiecen a imitar comportamientos parecidos a los de Pablo Emilio Escobar Gaviria, Gonzalo Rodríguez Gacha o de algún capo de la mafia como El Padrino. Eso sería sinceramente preocupante. El antropólogo social Ricardo Legarda Vásquez afirma que las narconovelas contribuyen a la idealización y provocan una suerte de naturalización; se convierte a esos personajes en héroes, en modelos a seguir.

La TV y ahora los celulares con su acceso a internet generan un gran influencia en las personas, ya que todo el día están conectadas a la red y pueden ver novelas, series y demás.

¿Qué influencia tiene lo que se mira en la personalidad de los receptores? Todo lo que se ve a través de la TV, del internet, de las redes sociales, en algún momento genera una cierta influencia en el receptor, en algunos casos la reacción es totalmente negativa, de rechazo, pero en otros no, y no solo me refiero a narcoseries, series de mafiosos, me refiero también a contenidos de orden sexual y pornográfico. En otros casos, la influencia es positiva, es usada como modelo a seguir. De tanto ver sexo, drogas y alcohol se normaliza el contenido y lo que es malo se considera regular y lo regular, bueno.

Que mis hijos se quieran parecer a unos mapaches, que en un momento de jugarreta quieren imitar sus movimientos, sus características principales, me tiene sin cuidado, pero que un adulto quiera compararse y actúe como un capo de la mafia es una verdadera preocupación.

Controlemos el contenido televisivo y digital de nuestros hijos limitando su uso en horario y en tiempo, y, sobre todo, desarrollemos valores morales aprendidos en el hogar que sean una barrera de contención para cuando se quiere adoptar comportamientos equivocados. Ahora, cada vez que escucho que mis hijos cambian de poder animal me acerco a ellos y les pregunto las características de ese animal. No vaya a ser que cambien de poder.

Tags