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22 de julio de 2017, 4:00 AM
22 de julio de 2017, 4:00 AM

Hace poco, valiente y precisa como siempre, Maggy Talavera denunció la proliferación de sectas en la sociedad cruceña que provocan adhesiones enceguecidas, voluntades consumadas, familias desunidas, además que engullen dinero y poder. El rol de las sectas es casi tan antiguo como el de las religiones, como cofradías de iniciados, secretas, con fuertes grados de dependencias y obediencias. Sectas que se transforman en ambición política, como sucedió con los masones en las revueltas latinoamericanas del siglo XIX o entre los nazis del siglo XX. Agrupaciones que ‘pelan capucha’, como las logias que manejan hilos empresariales.

En el golpe de Estado en Turquía (15.07.16), la injerencia de la secta FETO, dirigida por el clérigo Fetullah Gülen, plantea preguntas sin responder. Actualmente no es posible conocer detalles sobre FETO o sobre Gülen, pues tanto Google como Wikipedia han retirado información por pedidos oficiales. Por lo poco que se ha investigado, FETO es una organización multinacional dedicada al espionaje y al terrorismo, con el objetivo de controlar los poderes cívicos. No está claro qué quiere ni cuáles eran los objetivos de ese sangriento levantamiento militar, que terminó con más de 200 muertos y 2.000 heridos, y que duró 22 horas porque la población -muchas mujeres y jóvenes-, salió a defender al presidente Erdogan. Gülen fue antiguo mentor del propio Erdogan hasta que rompieron y él fue exiliado en Estados Unidos. También se lo acusó de infiltrar el poder judicial en 2013. Sus militantes estarían entre funcionarios del Ministerio del Interior y oficiales; un dato contradictorio porque los militares turcos, desde Atatürk, son laicos.

Sorprende que FETO esté en más de 100 países, también en México y Argentina, a través de organizaciones educativas que tienen nombres relacionados con la búsqueda de la luz. Incluso se denunció que el aviador venezolano que robó un helicóptero deslizó en su mensaje estas palabras claves para reconocer a los adherentes de la hermandad.

El golpe sirvió a Erdogan para afianzar su poder, y este primer aniversario fue una multitudinaria muestra de fuerza. A la vez aprovechó para despedir a funcionarios librepensantes, a profesores, y para encarcelar a periodistas. La pregunta fundamental sigue sin respuesta: ¿qué país (es) quiere(n) desestabilizar a Turquía? 

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