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‘De Ripley’, se decía hasta hace unos años cuando los adjetivos no alcanzaban para describir un caso insólito, completamente extraño y poco menos que increíble. ‘Believe it or Not!’, traducido como ‘¡Aunque usted no lo crea!’, era el apellido de esa franquicia estadounidense que recorría el mundo recogiendo hechos sorprendentes, tan llamativos que eran un éxito en la radio, la televisión, revistas, libros y museos de todos los países del planeta.

En el país del revés, la Policía Nacional acaba de protagonizar otro hecho que si continuase existiendo ‘Ripley, ¡aunque usted no lo crea!’, con seguridad motivaría que los equipos de esa empresa lleguen de urgencia a la Urbanización España en Santa Cruz a grabar el capítulo de cómo uniformados de verde olivo allanaron la vivienda de una mujer solo por ser vecina del coronel Raúl Cabezas Pantoja, quien fue encontrado en posesión de una vagoneta Mitsubishi robada en Atacama, Chile.

¿Y por qué entraron a la casa de alguien que no tiene nada que ver con el robo del vehículo? Simplemente porque sospechan que allí pudieron haberse hospedado los periodistas e investigadores chilenos que destaparon el caso de Cabezas y los motorizados sustraídos en Chile que se venden en Yapacaní y otros lugares de Bolivia en ferias públicas y a plena luz del día.

Los colegas de Raúl Cabezas Pantoja, ahora destituido y detenido, investigan si la señora Ana Araníbar, la infortunada vecina, tuvo contacto con los investigadores chilenos, y le secuestraron el celular para ver si ella ayudó a los que descubrieron un vergonzoso hecho de corrupción y delincuencia que involucra nada menos que a altos jefes de la Policía Nacional.

La vecina niega que los chilenos hubieran entrado en su casa y denunció que se siente hostigada y amedrentada por los efectivos policiales solo porque en una ocasión los chilenos fueron a buscarla porque un vecino los envió, y ella no les dio ninguna información.

Pero pongamos la hipótesis de que ella u otro vecino hubiera ‘ayudado’ a los periodistas chilenos con algún dato que contribuyó a hacer público el escandaloso caso de participación de policías en el robo de vehículos chilenos, ¿cuál sería el delito en ese caso? El delito es la sustracción de los motorizados y la posterior comercialización de autos, vagonetas o camionetas robadas en algunos casos con violencia al otro lado de la frontera.

Si la Policía boliviana persigue a un ciudadano boliviano por sospechas de haber hospedado a personas extranjeras o ayudado a hacer su trabajo, habrá que preguntarse qué hubiera hecho con los periodistas chilenos si los descubría trabajando ¿Los encarcelarían? ¿Y de qué los acusarían? El ejercicio del periodismo es libre en el mundo: un periodista boliviano puede viajar a Santiago, Barcelona o Kiev a hacer reportajes sin que nadie se incomode por eso. Con el mismo derecho, un chileno puede llegar a Bolivia a hacer una investigación o reportaje.

Y el hospedaje propiamente tampoco es delito, así sea a periodistas o investigadores. ¿Habrá la Policía Nacional escuchado hablar de Airbnb, el sistema digital que ofrece alojamientos a cualquier persona del mundo en domicilios particulares de 191 países y que compite legítimamente con el negocio hotelero del planeta? Alojar a ciudadanos bolivianos o extranjeros no es ningún delito.

La Policía Nacional, de quien su comandante Jhonny Aguilera dice que es mejor que el FBI, es digna de un caso ‘de Ripley’. Ni siquiera el propio presidente Luis Arce ya puede defenderla; más bien está ‘indignado’ con la actuación de sus altos jefes, según ha revelado el vocero presidencial, Jorge Richter. Por cierto, la comparación con el FBI también sería otro capítulo de ‘Ripley, ¡aunque usted no lo crea!’.

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