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El momento de inflexión que atravesamos difícilmente se repetirá. En medio del pico de la cuarta ola del covid-19 que hace temblar al mundo, llenos de vacunas y con un año que comienza junto a grandes desafíos, entre ellos salvar la escolaridad y la economía.

Bolivia la ha pasado mal y no es la excepción en el planeta. Pero ante la posibilidad de cruzar el puente donde debajo corren aguas torrentosas y llegar a tierra más firme, quedan unos cuantos metros, pero nadie lo impide hacer salvo nosotros mismos.

Según datos oficiales se han vacunado 9,3 millones de personas mayores de 18 años con la primera dosis, casi 700.000 adolescentes entre 12 y 17 años y 90.000 niños de 5 a 11 años. Parece mucho, pero no. Definitivamente es poco, por la cantidad de posibilidades, por la gratuidad de la vacuna, por el esfuerzo del cuerpo médico que las aplica y por las circunstancias agobiantes de contagio por las que pasa el país y el mundo. Si el 90% de los internados en emergencia, intubados y en terapia son quienes no se han vacunado y si todavía quedan camas en los hospitales a pesar de los miles de nuevos contagiados por día es porque la vacuna funciona, pero además todas las vacunas funcionan, entonces ¿por qué darnos el lujo de elegir una marca u otra poniendo en riesgo la salud propia y la del otro?

Hay una diferencia evidente y muy palpable entre inmunizarse y no hacerlo. La ciencia lo confirma y lo reitera, y está comprobado que las vacunas nos protegen al disminuir la probabilidad de morir por el covid.

En términos generales poco más de la mitad de la población boliviana tiene el esquema completo de vacunación contra el covid-19; falta concienciar al resto para lograr la inmunidad de rebaño y dar vuelta la página. Un nuevo escenario significaría reactivar la economía, retomar las clases presenciales, generar nuevas actividades, otros emprendimientos para poder salir de las crisis internas y externas que nos asfixian.

La capacidad está, las oportunidades también. Hoy una nueva variante del SARS-CoV2 azota al mundo y tarde o temprano llegará al país, si es que ya no está agazapada por ahí. Europa ha comenzado a cerrar sus puertas por la velocidad de contagio de la temible ómicron y no tardan en hacerlo los países vecinos. Estamos entonces en la inminente instancia de quedar aislados otra vez mirando cómo el tsunami de la ómicron se nos viene encima.

Es por ello que hoy más que nunca poner el brazo, poner el hombro y vacunarse es vital e imprescindible. No solo pensando en el presente, sino en el futuro inmediato.

El vacunatón que ayer promovió la Secretaría de la Gobernación cruceña fue un éxito. Más de 50.000 pinchazos en un domingo nos alienta a creer que somos capaces de lograrlo. Una idea que ya otras poblaciones comenzaron a emular y que pronto se replicará en otros departamentos. Si el Gobierno impulsara en todo el país medidas similares que ayuden a tomar conciencia de esta necesidad y las regiones se comprometieran a vacunar en forma decidida y sostenida, Bolivia escalaría en el ranking de los países más vacunados de Sudamérica como Chile y Uruguay, por poner dos ejemplos.

Daríamos un paso histórico. Superarse a sí mismo y llegar al objetivo, para estar tranquilos y respirar futuro.



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