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Populismo neodesarrollista

22 de diciembre de 2019, 3:00 AM
22 de diciembre de 2019, 3:00 AM

Manuel Castells aclara que no es correcto utilizar el término “populistas” para nombrar experiencias que bajo el manto del Foro de Sao Paulo se llevan adelante con la etiqueta de “socialismo del siglo XXI” en América Latina, confirmando que esas experiencias, por ejemplo en Venezuela, Nicaragua y Bolivia, poco tienen que ver con el socialismo del Foro. Propone más bien definirlas como neodesarrollistas.

El término populismo no es una categoría ideológica, es más una manera de gobernar y de entender el liderazgo y su relación con la gente y, por ello, hay populismos de izquierda, como el de Evo Morales, y de derecha, como en algunos países europeos, centrados sobre todo en el nacionalismo y el rechazo a la inmigración.

Nos parece muy importante la propuesta de Castells de quitar a esos regímenes la mal puesta etiqueta de socialistas para definirlas por lo que son, experiencias neodesarrollistas; históricamente referidas al desarrollismo promovido por la Cepal desde los años 60.

El neodesarrollismo en América Latina propugna el intervencionismo estatal, el énfasis en el crecimiento de la macroeconomía, un masivo extractivismo en el sector primario de la economía, insistencia en la industrialización con resabios de estalinismo, comenzando por la industria pesada, la modernización productiva y un pacto con el agronegocio exportador.

En nuestro caso, el populismo explica la gestión arbitraria, caprichosa, ineficiente y derrochadora, toda ligada a la voluntad del caudillo, que mantiene con la gente una relación de vasallaje, mientras que el neodesarrollismo lo vemos en la ineficiente industrialización de tamaño, localización y producción inadecuadas, que trabajan a pérdida y la alianza con la agroindustria cruceña globalizada.

Así que nada nuevo bajo el sol, el Gobierno del MAS no tenía la etiqueta, pero era en todo un régimen populista neodesarrollista, que esperemos haya llegado a su fin.

Tenemos que cuidarnos mucho de no volver a caer en el populismo, riesgo siempre presente en países con población poco educada, de culturas tradicionales y de escasa institucionalidad. El populismo se anida en los cantos de sirena que sostienen que para gobernar no se necesita saber nada, para eso están los técnicos, por lo que queremos gobernantes jóvenes, indígenas y mujeres. Ya tuvimos un indígena joven pero ignorante y vean cómo nos fue.

Bien que asuman responsabilidades los jóvenes, mujeres e indígenas, pero eso no los exime de la necesidad de tener formación, capacidad y experiencia, o sino que por lo menos posean dotes naturales excepcionales que se expresan en las varias formas de inteligencia: trabajo en equipo con delegación de funciones, procesamiento adecuado de la información compleja, capacidades de seguimiento y monitoreo de las decisiones, valores acordes con el tiempo y la sociedad en la que se vive y visión de futuro. Esos son requisitos fundamentales para ser político y se deben exigir a todos, jóvenes o viejos. Debe quedar claro que son bienvenidos a la política jóvenes, mujeres e indígenas, pero siempre que cumplan con esos requisitos. A los cargos importantes no se va “a aprender” se va a poner en práctica lo que ya se ha procesado. Se necesita que cuenten con toda las capacidades de gobierno.

Con referencia al neodesarrollismo, lamentablemente nuestros sectores productivos se mueven aún en esa lógica, extractivista y basada en solo el crecimiento económico, sin consideraciones ambientales ni sociales.

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