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30 de julio de 2017, 4:00 AM
30 de julio de 2017, 4:00 AM

“Lamentablemente, nuestra coca todavía se desvía al narcotráfico, que hace daño a la humanidad”, dijo, ante una pregunta de la periodista de ANF, Nancy Vacaflor, el dirigente cocalero del Trópico de Cochabamba, Leonardo Loza.

Vaya a uno a saber si tal ‘sincericidio’, no es en sí mismo una declaración con implicaciones judiciales y si no debiera intervenir el Ministerio Público, habida cuenta de que ha sido realizado públicamente y de manera voluntaria, en su condición de dirigente cocalero. 

Loza –probablemente el más destacado de los dirigentes que pueden suceder a Morales en la dirección cocalera y en el propio MAS- sabe que cuenta con impunidad para asegurar lo dicho, porque desviar coca al narcotráfico ya no es delito al haber sido derogada la Ley 1008. Así es que el tema a tratar no pasa por la gravedad y el cinismo de lo dicho, sino por tratar de saber qué significa “por ahora”, considerando que al retornar Bolivia a la Convención Única de Estupefacientes aceptó el masticado, cultivo y el comercio de hojas y, en ninguna parte se contempla alguna ‘tolerancia’ para la cocaína, de lo que se deduce que lo ‘reconocido’ por Loza pone al Estado boliviano en una situación delicada, porque la exportación de hoja de coca no está permitida para ningún país del mundo (así salga de contrabando hacia Argentina), porque su despenalización es solo en suelo boliviano. 

Cómo hará el Estado boliviano para “cumplir protocolos y someter la coca a un proceso que le permita ‘desalcaloidizar’ la hoja como parte de un proceso de industrialización, como señaló Morales Ayma, tras del “retorno” a la mencionada Convención, cuando es un hecho que no hay proyectos fuera de la cocaína que demuestren verdadero interés en la coca. 

Morales llega más de 100 años tarde en su intención de ofrecer productos de coca “sin alcaloide”. En las postrimerías del siglo XIX (1880, el boom de la cocaína) y los primeros años del siglo XX, la cocaína era un producto legal. El proceso de prohibición se inicia entre 1910 y 1915  y se consolida tras la Segunda Guerra Mundial. Para mayor referencia, en 1905 más o menos, Coca Cola ya ‘desalcaloidizaba’ la hoja (vendía la cocaína a un reputado laboratorio de medicamentos) y los productos como el vino Mariani (alabado por Morales) dejaron de ser importantes, en la medida en que el alcaloide se fue conociendo por sus efectos tóxicos. En 1889, la Academia Médica de EEUU comenzó a restringir sus dosis y usos y se alertó sobre el abuso hasta su prohibición. Demás está decir que brebajes de todo tipo, drogas ‘curatodo’ y demás sustancias perdieron frente a la prohibición y conocimiento del daño de la cocaína. Estoy seguro de que no hay posibilidades de que Bolivia ‘invente’ darle un valor a la hoja sin el alcaloide en ella.

Dudo que Bolivia pueda generar interés en la coca sin cocaína (alcaloide), de manera que lo de Loza parece que va a ser un ‘lamento boliviano’ que, bajo el título de soberanía y otras ‘atapincas’ seguirá en la ilegalidad, hasta que a alguien se le ocurra una idea sobre qué hacer con el problema que nos atañe a todos. 

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