Opinión

Por eso es rico...

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10 de septiembre de 2017, 4:30 AM
10 de septiembre de 2017, 4:30 AM

Un familiar está viviendo un calvario desde hace años para poder tomar posesión de un bien que le fue prometido formalmente en pago por un servicio prestado a un empresario rico. Acompaño ese calvario con una impotencia similar a la que viven a diario cientos de miles de personas que van por la vida pidiendo únicamente lo que por derecho merecen. Y no puedo dejar de pensar por qué tiene que ser tan difícil lograrlo. Me intriga saber por qué un hombre tan rico puede ser tan mezquino a la hora de cumplir con un pago. Hice un comentario sobre esto al abogado al que ha decidido acudir mi pariente penitente, y me respondió: “Por eso es rico…”.

Mi primera reacción fue reír. Pero luego quedó claro que no era chiste. Lamentablemente es una afirmación que se puede comprobar con muchos ejemplos. Lindo fuera tener una estadística detallada, pero a falta de esta es fácil hacer un listado de ricos cuya fortuna no se debe apenas al esforzado trabajo de largos años, o a benditos golpes de buena suerte. Gran parte de las riquezas acumuladas por personas de todo tipo en el mundo entero es resultado de una suma de triquiñuelas en la que la avaricia destaca como motor principal. El avaro nunca queda satisfecho con lo que debe ganar en buena ley. Quiere más. Quiere todo. Y en ese afán no tiene límites, ni morales ni legales.

Mi reflexión inmediatamente después de reconocer con no poco dolor esa realidad, fue sobre las fuerzas que mueven al mundo, a la sociedad, a cada uno de nosotros. Me resisto a aceptar que el mal sea la fuerza vencedora, que ganen siempre los que obran de mala fe, los que burlan leyes y violan derechos ajenos, los que van dando manotazos a quienes se les atraviesan en el camino, los arrogantes que hacen cuestión de exhibir el poder que ostentan y que a nada ni a nadie temen, creyéndose dueños de todo y de todos. Incluso esos que queriendo ser ricos y nada tienen, a no ser veneno corriéndoles por las venas: coronan sus maldades no con el poder del dinero, sino con el de la hiel que destilan.

El abogado citado lanzó otra provocación para evitar que mis reflexiones terminaran en desesperanza. Recordó lo dicho por grandes pensadores: que los malos ganan porque los buenos lo permiten. Y que todo abuso puede ser frenado por una fuerza mayor que nace del bien. De esto también hay ejemplos, solo que nos pasa como a los periodistas: hemos creído el viejo cuento de que las que ganan/venden más son las malas personas/noticias. Y así nos va. A ver, con mi pariente penitente haremos un experimento para ver si específicamente en este pleito gana el bien o el mal. 

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