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26 de enero de 2024, 3:00 AM
26 de enero de 2024, 3:00 AM

Edgar Valdez Carrizo​

Para muchos padres, madres de familia, adolescentes, jóvenes, profesores e incluso médicos es incómodo hablar de la sexualidad, un tema complejo, multifacético y presente en numerosos actos de la vida cotidiana.

Desde el nacimiento, la sexualidad tiene diversos aspectos en el desarrollo corporal, fisiológico y psicológico que se expresan a través de actitudes y comportamientos relacionados con el género, el sexo y las diferentes orientaciones sexuales. Pero para muchos es un tema tabú, porque su percepción de la vida está llena de prejuicios y estereotipos religiosos o políticos que asocian frecuentemente la sexualidad con la vergüenza o la culpa, lo que determina sentimientos de censura al hablar de sus emociones y experiencias.

Así, adolescentes y jóvenes de ambos sexos, de todos los niveles socio económicos, en las áreas urbana y rural, buscan otros medios para satisfacer su curiosidad natural acerca de la sexualidad.

Hoy, la interconectividad y las nuevas tecnologías de información, incluyendo las redes sociales, ponen el tema a su alcance. Muchos de ellos y ellas consumen pornografía online de manera habitual. Además, conductas como el sexting (envío por celular u otro dispositivo con cámara, de fotografías o vídeos producidos por uno mismo con connotación sexual) o el revenge porn (difusión de fotos o vídeos de contenido sexual en la red sin consentimiento de las personas que aparecen) también son frecuentes en este periodo del desarrollo.

En Madrid el informe de 2020 de Save the children, refiere que el 70% de adolescentes consume pornografía a la que accede por primera vez a los 12 años. En EEUU, según datos de 2022, el 73% de los adolescentes han visto pornografía a la edad de 17 años, la primera visualización se produce también a los 12 años. Los adolescentes acceden al porno a través de sus dispositivos electrónicos. En ellos buscan pornografía en redes sociales y sitios especializados. En Bolivia el 72% de adolescentes de todas las clases sociales comparten pornografía dura (Olmos,2019), el consumo en mujeres se ha incrementado y la edad media de su primera vez se sitúa entre los 11 y 13 años.

Adolescentes, jóvenes y hasta adultos están continuamente estimulados a tener relaciones sexuales por la pornografía que, al constituirse en su medio más frecuente de información sobre sexualidad propicia conductas de imitación y puede propiciar frustraciones por los tamaños del pene, de los senos, de las nalgas, etc. La adicción a este tipo de contenidos tiene graves consecuencias en las personas y las relaciones con una o diferentes parejas sexuales, que suelen ser cada vez más insatisfactorias y violentas.

El estímulo erótico que provoca la pornografía puede suscitar descuidos que los expone al contagio de enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados, e incluso favorecer la trata y tráfico de niñas, adolescentes y jóvenes para la prostitución. La pornografía distorsiona la imagen de la mujer y del hombre.

Esa exposición voluntaria a la pornografía podría evitarse mediante la educación sexual. La transmisión de conocimientos fundamentados y libres de prejuicios religiosos, sociales y hasta políticos debe comenzar en la familia, y continuar en las unidades educativas.

Ahí radica la importancia de hablar de sexualidad en nuestra sociedad.

Para el desarrollo de una sociedad, la profesión más importante es la de los educadores. La educación marca, modula, perfila y esculpe nuestra forma de ser. En gran medida uno es lo que fue su niñez. Los episodios iniciales de la vida, son decisivos en la edificación de la personalidad, en ellos se sientan las bases de lo que será la persona adulta, de ahí la importancia de la educación.

Formar niños es más inteligente que enderezar adultos, modificar algo es casi siempre más complicado que construir bien desde el inicio. 

Madres, padres de familia y toda nuestra sociedad debemos tomar consciencia de que las actitudes y los comportamientos adquiridos por los hijos e hijas provienen de la familia y la sociedad, en particular la sexualidad, la relación de género, las actitudes frente a las diversidades sexuales, la violencia intrafamiliar (psicológica o física), el trato a los hijos e hijas, la violencia en el enamoramiento, los celos, el consumo de bebidas alcohólicas y los embarazos de adolescentes, que son situaciones que están estrechamente relacionados con los feminicidios.

La Dirección Departamental de Educación de Cochabamba, el Instituto para el Desarrollo Humano - Bolivia, junto a directores, profesores, padres de familia y estudiantes, trabajan desde hace varios años en diferentes unidades educativas para disminuir la violencia sexual, los embarazos en adolescentes, el consumo de bebidas alcohólicas, las infecciones de transmisión sexual y el VIH.

Pero, esta experiencia se limita a algunas unidades educativas del departamento de Cochabamba por razones económicas. Sería importante organizar conversatorios, foros o congresos para compartir experiencias con autoridades nacionales para establecer políticas de la educación sexual.

Hablemos de la sexualidad ahora, pero con conocimientos desprejuiciados, o al menos con la mentalidad abierta para conocer la historia sexual de la humanidad y de los actuales avances científicos especialmente en el área de la neurociencia, psicología, biología, etc., solo así nos liberaremos de los prejuicios religiosos o políticos.

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