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¿Por qué retomar el calendario electoral?

25 de abril de 2020, 3:00 AM
25 de abril de 2020, 3:00 AM

Nos estamos acostumbrando a la consigna de… ¡No es tiempo de críticas, sino de ayudar!. Argumento consistente solo hasta cierto punto, ya que el expresar hechos verídicos no puede entenderse como dificultar la solución de un problema si, por el contrario, estos constituyen variables de análisis obligatorio y actuar en contrario es atentar contra la libertad de expresión.

Bajo estos parámetros, la realidad muestra que el gobierno de transición en funciones desde el 12/11/2019 va hacia el sexto mes de gestión, mientras que el Art. 169 de la C.P.E, manda que en dicho caso se convoque a elecciones en máximo 90 días. 

La contrastación entre hechos reales y la literalidad normativa evidencia que al estar fuera de plazo se está vulnerando la CPE. Pero dicho análisis quedaría corto si no observamos las causas que llevaron al incumplimiento de realizar elecciones, a saber, por la acefalía en los tribunales electorales resultando razonable que el plazo se suspenda hasta que se constituyan y se emita la ley de convocatoria, computándose desde enero de 2020. 

Por otro lado, el virus Covid 19, que desnuda un sistema de salud deplorable obligando a un distanciamiento social para evitar el contagio y que, al generar crisis sanitaria, resulta en inicio también justificable suspender el calendario electoral. 

No obstante, una interpretación sistemática de este “incumplimiento obligado” de la CPE revela, en contrapartida, graves efectos negativos: en términos jurídico-políticos nos antecede una crisis de Estado desde el 20/10/2019 y el vulnerar la literalidad y supremacía constitucional expuesta lesiona automáticamente los principios democráticos y de soberanía popular cuya base son las elecciones, conculcando además el principio de seguridad jurídica, lo que conduce a una peligrosa anomia social. 

En síntesis y quiérase o no, se debilitan las bases del Estado que no están de adorno en la parte primera de la CPE y, a partir de allí, su estructura de acero se torna de cristal. 

Dicho debilitamiento no es teórico y sus efectos reales van teniendo incidencia en la sociedad cuando notamos cierto grado de desobediencia en sectores hacia un gobierno de transición cuyas medidas serán mayormente cuestionadas mientras más dure en el poder fuera de término, acusándolo por ello de inconstitucional e ilegitimo al carecer del voto popular. 

Otros dirán ¿pero que importan las elecciones si primero está salvar la vida?, justificación fiable si fuere absoluta y la pandemia tuviese alto grado de letalidad y confinamiento total, pero completamente revisable cuando es más bien relativa en dicho aspecto y discutible al existir autorización hace más de un mes para asistir a mercados y bancos con aglomeraciones y colas interminables que contradicen el distanciamiento social como objetivo de lucha contra el virus.

Es que nombrar y capacitar jurados, así como asistir un día a votar con restricciones y medidas de seguridad creativas, tiene mucho menos riesgo de contagio que las aglomeraciones referidas, siendo la justificación para retomar ya el calendario electoral no solo el lograr un cumplimiento formal de la CPE, si no desvirtuar totalmente el pretexto perfecto de algunos sectores para desobedecer y desconocer al actual gobierno generando caos social con imprevisibles consecuencias, por lo que resulta más bien posible y compatible el recomponer las bases del Estado, para generar una consciente aceptación de medidas críticas y trascendentales que en salud y economía debe tomar un gobierno elegido por el pueblo.


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