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OPINIÓN

¿Por qué sí son gastos necesarios?

Guadalupe Peres-Cajías 13/6/2020 03:00

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Entre 1993 y 1994, Bolivia vivió uno de los periodos más interesantes para la reafirmación de su identidad nacional. Un notable equipo de fútbol, dirigido por el memorable “bigotón”, le regaló a todo un país una oportunidad para unirse en un solo coro… “Se va, se va, se va al Mundial”.

Entonces, se evidenció el poder del deporte para fortalecer al colectivo nacional. También, se fomentó la virtud que tiene para preservar la salud y el bienestar.

Casi 20 años después, el valor que todo un país le dio a una práctica deportiva es reemplazado por el cierre del Ministerio de Deportes, a través de un comunicado de la presidente en transición, Jeanine Añez.

A esa decisión, se suma el cierre del Ministerio de Culturas y del de Comunicación. La justificación: “nuestra prioridad son la salud y la economía”. Sin embargo, no se considera que las tres carteras citadas son claves para el primer objetivo, más aun en el contexto del Covid-19.

Inicialmente, cabe mencionar que toda oficina pública justifica los gastos por su gestión, sin tener que ser forzada a su eliminación.

La gestión pública está relacionada con la administración de los recursos del Estado para el beneficio colectivo. Por ello, en respuesta a las voces críticas con los ministerios en cuestión, cabe mencionar que el quid de su funcionamiento radica en su tipo de gestión.

En consecuencia, antes de compartir la decisión de su cierre, se debería exigir una mejora en su forma de acción. Particularmente en este contexto, donde se necesita de las funciones que esas tres carteras representan.

El deporte ha tenido múltiples hitos para evidenciar el valor social que tiene, ampliamente descrito por el sociólogo Norbert Elias (1992). En el caso boliviano se presentó el ejemplo más notable, pero no es el único.

Ese valor podría ser trabajado en el contexto actual a través de una campaña nacional de práctica deportiva. Al tiempo que se fomente el sentimiento colectivo, se trabajaría la salud pública.

En este contexto de pandemia, se ha insistido en que el deporte y el ejercicio no son una medicina para el Covid, pero son una manera de fortalecer el sistema inmunológico para prevenir su contagio.

Asimismo, cabe remarcar que la salud es integral. No solo es física, sino mental y emocional. Para este fin, cuán importante sería canalizar el sentir social actual, a través de expresiones artísticas.

El arte tiene el valor único de transmitir lo indescriptible. Deja un legado que trasciende, como sugería Walter Benjamin (1936), mientras conecta al colectivo en torno a una de las virtudes humanas más importantes: su capacidad creativa. El Ministerio de Culturas es el actor clave para fomentar aquello.

Otra de las razones de ser de ese despacho está focalizada con el intercambio de saberes y de visiones que coexisten en el país. En tiempos de confinamiento total o dinámico, ¿cómo reconectarnos con el saber del otro? ¿cómo fomentar el encuentro de las distintas maneras de ser boliviano? Es preciso tener un Ministerio que pueda asumir el liderazgo de ese necesario proceso.

Finalmente, entre los principales problemas en tiempos de pandemia están la incertidumbre colectiva y sus consecuencias, vistas desde el pánico hasta el descuido. Esto es producto de la falta de datos precisos sobre el origen y el impacto real del virus, la diversidad de interpretaciones, la intensidad de las redes sociales, las noticias falsas y la irreverencia del Covid-19.

Para contrarrestar aquello, la información pública, precisa, rápida, accesible y de alcance nacional, sobre el devenir de este virus, debe ser producida. Al mismo tiempo, se deben trabajar la conciencia y el entendimiento colectivo, a través de mensajes educativos y de sensibilización ciudadana para atender y superar la pandemia.

Cerrar la cartera encargada de esta tarea, como los otros dos ministerios, parece una contradicción con la prioridad de “la salud de los bolivianos”. Porque el deporte, el arte, las culturas, la información y el entendimiento son parte de nuestra salud, señora presidente. Por eso, sí son gastos necesarios.










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