Impreso

OPINIÓN

¿Por qué tenemos políticos tan mediocres?

10/10/2020 03:00

Escucha esta nota aquí

Por: Javier Medrano

No hay una respuesta única y consensuada. Los matices saltan a la vista. Tampoco deberíamos encasillar a todos los políticos bajo el mote de nefatos. Pero da la sensación de que, a lo largo de nuestra historia, los políticos y sus partidos son los grandes cenutrios y deudores de moralidad, rectitud, trabajo honrado. Ni qué decir de preparación intelectual o formación técnica. La mediocridad es el rasero.

Después de la Revolución del ´52, los grandes estadistas de la época parecen haberse esfumado al no haber construido una cantera de políticos visionarios que hagan de este país, un lugar mejor para vivir. Fue todo lo contrario. La devaluación hizo carne y ahora debemos aguantar las barrabasadas de cuanto diputado, senador, ministro, munícipe o gobernador deambula cual zopilote en torno al poder y a la fortuna mal habida.

Y el estropicio es tan descomunal, que se ha visto instituciones a las que se robaron hasta las bisagras de las puertas, las engrampadoras o, de plano, hicieron de las instituciones bulines, antros y hasta se dieron violaciones en las propias instalaciones donde se fundó este país.  

Estos bilimbiques - mal llamados políticos – dejan en evidencia de que la gestión pública de la política está quebrada. Y como bolivianos, nos toca vivir los momentos más oscuros de nuestra historia con las peores recuas políticas.

En unos días más deberemos enfrentar unas elecciones – las más importantes de nuestra historia republicana – por todo lo que está en juego y por el riesgo de que caigamos en una escalada de violencia social que nadie quiere. Por lo menos los que tratamos de construir una vida sensata y honesta.

Yo, y lo digo en primera persona, no tengo la más mínima duda que es un problema de incompetencia. No saben hacer su trabajo. Los expertos dicen que hubo un cambio generacional en todos los partidos, pero con los mismo vicios y defectos estructurales de corrupción, cuoteo, oportunismo, soberbia, megalomanía y egoísmo. Esto deja en evidencia a los políticos que saben “crecer” dentro de sus organizaciones partidarias, pero no tienen la menor idea de cómo hacer gestión pública, ser un funcionario público probo y, por lo tanto, menos aún, darse el tupé de gobernar un país.

Si levantamos un poco la mirada, vemos países capturados por ladronzuelos, narcotraficantes, dictadores ancianos, asesinos, populistas y demagogos y surge la pregunta. ¿Entonces, es un mal generalizado? ¿No escapamos a la media de otros países? A mi juicio, estamos muy por debajo del promedio. Nuestros políticos son la gracejada Latinoamericana.

No saben ni hablar en público. Construir una frase coherente. Y aquellos que se llenan la boca de frases prefabricadas, carecen del carácter y el rol de estadistas para enfrentar los enormes desafíos estructurales de este país fracturado y enfermo.

¿Es posible la política sin políticos? Por supuesto que sí. Para ello debemos fortalecer el tejido social de criticidad y fiscalización de los hacedores de la cosa pública, Debemos fustigar con mayor fuerza a los corruptos, señalarlos, marginarlos. A los vándalos, a las agrupaciones irregulares debemos demandar justicia proba y cárcel ejemplificadora. El monopolio de la política no es de los políticos. Nos pertenece a todos por igual.  

 Así que amable lector, cuando vaya a votar, sepa que el futuro de las próximas generaciones esta en juego. No le puedo decirle por quien optar, pero sí le puedo decir, que todas esas fotos que verá en esa papeleta, todos son lo mismo de siempre o representan a los mismos de siempre.