Opinión

Por un puñado de protagonismo

9/5/2020 03:00

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Walter Guevara Anaya

Todo indica que el gobierno está haciendo su tarea, aunque le costará mucho apoyo. Decidirá en consulta con los gobiernos locales quiénes dejarán la cuarentena en qué momento por cuánto tiempo y en qué lugar. Si el virus se debilita y la economía mejora, ganará votos. Si eso no sucede, como es probable, los perderá. Es muy fácil para los opositores cobrar protagonismo reprobando la gestión del gobierno o sugiriendo que la presidenta renuncie a su candidatura o pidiendo que convoque a un gran acuerdo nacional.

La oposición tiene la obligación de fiscalizar los actos del gobierno. El gobierno tiene la obligación de corregir sus errores, especialmente cuando los denuncian los opositores. Ese juego es legítimo y saludable para la democracia. Veamos lo que pasó en tres casos recientes.

El último día hábil de abril, aprovechando su mayoría en la Asamblea, el MAS postergó las elecciones del 3 de mayo dándole al organismo electoral un plazo de hasta 90 días para volver a convocarlas. El Poder Ejecutivo observó esta ley. La Asamblea rechazó sus observaciones en el acto. La presidenta del Senado Eva Copa promulgó la ley ese instante.

Las autoridades del MAS que dirigen la Asamblea declaran con frecuencia que el gobierno de la presidenta Añez es un gobierno de facto. Lo hacen sabiendo que sus propios mandatos concluyeron el 22 de enero de 2020. Nunca dicen que ellos son una Asamblea de facto. Los toleramos para mantener el equilibrio de poderes que ningún gobierno de facto aguantaría.

A tiempo de promulgar la ley, el MAS promovió violencia en varios puntos del país. Hizo correr entre sus bases la consigna de tumbar al gobierno. Quiso mostrar en el Día del Trabajo quién manda en Bolivia. Fue fiel a su consigna de ahorcar a la democracia con sus propias leyes.

Le importó poco que el virus pueda rebrotar durante la campaña electoral o el día del voto. Tal vez calculó que si ese día hay riesgo de contagio, los votantes que tumbaron a Evo se quedarán en casa. No les interesa que se contagien los que lo apoyan, todo con tal que salgan a votar.

 

Con todo derecho el MAS hizo política. Avanzó su propia agenda anti democracia liberal. Apuntó a erosionar el proceso electoral mientras nos hacía creer que lo reforzaba. Evo ya  había declarado que el día de las elecciones no hay aglomeraciones porque se vota uno por uno. Sus asambleístas le hicieron eco. Se desnudaron por un puñado de protagonismo.

En su video del 1° de mayo Carlos Mesa condenó al MAS por su intento de sembrar caos en el país y fijar fechas de alto riesgo para las elecciones. Al mismo tiempo acusó a la presidenta Jeanine Añez de protagonizar “una confrontación de carácter político” con el MAS. La acusó de decir “yo soy candidata y soy la única que puede derrotar al MAS.” Confesó pecados ajenos.

No la criticó por ser su rival. La reprochó por “responder a la crisis desde una posición de candidatura y no desde una posición de estado”. Dio a entender que es una vergüenza para el país contemplar una pelea política tan baja y tan sucia como la de Jeanine y el MAS durante una epidemia tan grave.

Pidió a la presidenta Añez que convoque a un gran acuerdo nacional para enfrentar al coronavirus y frenar el desplome de la economía. Habría que preguntarle si una precondición o el primer punto del acuerdo que propone es que Jeanine retire su candidatura.

Con el derecho que le confiere su propia candidatura, Carlos Mesa apareció como un político que no desperdicia una oportunidad de atacar a sus rivales. A los votantes de sano criterio les toca evaluar si al hacerlo ganó puntos o si se rebajó por un puñado de protagonismo.

Varios gremios del sector médico retiraron su concurso a la lucha del gobierno contra el coronavirus, acusándolo de nombrar un consejo de expertos en el cual esos gremios no figuran, de designar personal médico no calificado en los centros de atención al coronavirus y de hacer política con esta grave enfermedad.

Los gremios médicos tienen todo el derecho de combatir a la presidenta Añez, incluso a costa de menospreciar la lucha del gobierno contra el coronavirus y de apuntalar sin quererlo al MAS. Nada de eso es ciencia médica. Es política en busca de un puñado de protagonismo.

Mientras una mayoría de los votantes aplaudan los golpes bajos, el país seguirá hundido en champa guerras. Los políticos tienen la obligación de debatir sus diferencias con la verdad en la mano, demostrando su lealtad hacia el proceso, sin sacarse los ojos.

La emergencia del coronavirus nos está demostrando que la mayoría de nuestros políticos se inclinan por cortejar a los votantes que siguen presos de la cultura política tradicional en vez de conducirlos hacia una cultura política renovada, basada en un voto lúcido y bien informado.

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