Opinión

Por un real despegue de Bolivia

El Deber 6/8/2019 04:00

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Hace 194 años que nació este país que enorgullece a sus habitantes por su diversidad cultural y por su fuerza de trabajo, y que los avergüenza por los niveles de corrupción, el narcotráfico y la pobreza que sigue habitando las urbes.

El pueblo tiene clara la realidad de la patria y por eso es justo reflexionar hoy sobre los desafíos de la nación. Que la sonrisa por los avances no nuble el compromiso de seguir trabajando.

Más allá de las cifras frías, hay que buscar coherencia con el bolsillo, con la educación, con la salud y con la calidad de vida de los bolivianos.

Es cierto que Bolivia ha sido el país con mayor crecimiento económico de Sudamérica (una media del 4,5%), y eso es positivo, lo que también es evidente es que hay más subempleo que empleo de calidad (más del 60% del trabajo asalariado se desarrolla en la informalidad) y faltan políticas que beneficien a todos los integrantes de la cadena productiva.

Las reservas internacionales van cayendo a paso acelerado y las empresas del Estado no cierran el círculo de la eficiencia, engullendo los ahorros del país sin mayores esperanzas de retorno a corto plazo.

La salud sigue siendo una deuda pendiente. En Bolivia es dramático, pero real ver a enfermos de cáncer haciendo huelga por mejor infraestructura, por presupuesto o por equipos para ser atendidos.

Hay un seguro universal y es positivo, pero hasta el presente no representa una solución de fondo para el gran problema. Se necesita no solo que todos accedan a la atención médica gratuita, también a equipos de última tecnología, a prevención y a condiciones dignas para el paciente y para el personal que lo atiende.

Un gran logro, sin duda, es la reducción del analfabetismo en el país, pero en un mundo que vive en plena revolución industrial 4.0, que convive con la inteligencia artificial y que prepara a sus jóvenes para ser innovadores y competitivos a escala global, saber leer y escribir o permanecer en la escuela, son apenas gotas de agua en un océano profundo que puede devorar el futuro.

Es preciso que el país abra las aulas a la medición de calidad, que seamos capaces de competir y ganar frente a las potencias económicas. Hubo avances en la legislación para lograr la equidad de género en la política o la protección a la mujer de la violencia machista, pero hay que ser concretos en acciones efectivas porque Bolivia lidera las cifras de feminicidios y agresiones a madres, hijas o esposas.

Es preciso determinar que las políticas de Estado dispongan mayores presupuestos y planes que sean medidos, a fin de que se salga del discurso de igualdad para dar un salto a la real participación de la mujer en todos los espacios de la sociedad.

La justicia es otra herida profunda en la piel de los bolivianos.

Las leyes aprobadas con el fin de hacer más eficiente la administración de justicia son letra muerta en tanto no se termine con los altos niveles de corrupción en los tribunales, fiscalías y Policía.

El sistema está sumido en una crisis sin precedentes y nadie ha sido capaz de presentar una solución de fondo. Este 6 de agosto se puede soñar con un país mejor, a la altura del tiempo histórico que se vive.

El presidente que asuma el Gobierno el próximo 6 de agosto debe saltar de las frías cifras a la realidad de los bolivianos de cada rincón del país. Es urgente encarar el desarrollo mirando a largo plazo. Los triunfos cortoplacistas son engañosos y pueden ser tóxicos

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