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9 de marzo de 2017, 4:00 AM
9 de marzo de 2017, 4:00 AM

La reelección presidencial es un tema muy delicado para la salud de la democracia continental. Y me refiero a la democracia internacionalmente aceptada, la verdadera democracia, la democracia de la Carta Democrática Interamericana de la OEA. El instrumento más moderno de la democracia en el mundo. La reelección está íntimamente ligada al caudillismo, tan nocivo para nuestros pueblos. Que florece en Estados que tienen democracias menos desarrolladas y endebles estructuras institucionales (blogjimi-09). Para desgracia nuestra, Latinoamérica es el continente de los caudillos.

El caso del caudillo mexicano Porfirio Díaz es, quizás, el más dramático de todos. Se conoce como ‘porfiriato’ el periodo de la historia mexicana en que este militar gobernó el país, de 1877 a 1880 y de 1884 a 1911. Durante su segundo mandato de 27 años, usó las triquiñuelas típicas de los que se quieren perpetuar en el poder: mostrarse como el salvador de la patria, centralizar el poder, cooptar al Ejército y la justicia, apelar al fraude electoral y reformar a su medida la Constitución. La fórmula no es nueva, es más vieja que el sur. Y como la vacuna nace donde nace la enfermedad, los mexicanos, en 1917, abolieron la reelección presidencial, con la cuota de sangre que siempre demandan los tiranos. 

La Constitución mexicana expresa en su art. 83: “El presidente entrará a ejercer su encargo el 1 de octubre y durará en él seis años. El ciudadano que haya desempeñado el cargo de presidente de la República, electo popularmente, o con el carácter de interino o sustituto, o asuma provisionalmente la titularidad del Ejecutivo Federal, en ningún caso y por ningún motivo podrá volver a desempeñar ese puesto”. Evo Morales está siguiendo los pasos a Porfirio Díaz, los paralelismo entre ambas historias son notables, aunque con más de un siglo de diferencia. Cambian los tiempos, cambian las personas, la conciencia democrática avanza y retrocede. Lo que permanece inmutable es la enfermiza ambición de poder, que, como un vicio, obnubila a los espíritus menos evolucionados. No tenga duda, algún día en Bolivia no habrá reelección 

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