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Las prácticas educativas: Cuando la teoría se encuentra con la realidad

Sabado, 27 de junio de 2026 a las 05:00

Durante mi experiencia de prácticas educativas emprendí que la formación docente va mucho más allá de los conocimientos adquiridos en las aulas de formación. Las prácticas constituyen un espacio fundamental donde la teoría se encuentra con la realidad  y donde los futuros maestros tenemos la oportunidad de descubrir el verdadero sentido de educar.

Al ingresar al aula encontré niños llenos de curiosidad, entusiasmo y deseos de aprender. Cada día llegaban con preguntas como: ¿qué vamos a hacer hoy? o ¿qué aprenderemos? Estas expresiones, aparentemente sencillas reflejan el interés natural que poseen los niños cuando se les brinda la oportunidad de aprender de manera activa, significativa y acorde a sus necesidades.

Esta experiencia me permitió confirmar que los niños aprenden mejor mediante el juego, la experimentación, la observación y la práctica directa. Como docente en formación, descubrí que nuestro papel no es únicamente transmitir conocimientos, sino actuar como guías del aprendizaje y como puente entre escuela, familia y comunidad. Educar implica acompañar, orientar y crear oportunidades para que cada niño construya sus propios aprendizajes.

Durante el desarrollo de las actividades pude aplicar diversas estrategias metodológicas y materiales didácticos adaptados al contexto. Se utilizaron materiales reciclados y recursos disponibles en el entorno, demostrando que es posible generar experiencias educativas significativas sin depender exclusivamente de materiales costosos. Además, se incorporaron técnicas grafo plásticas y recursos tecnológicos como parlantes y proyectores, enriqueciendo las experiencias de aprendizajes y fortaleciendo la participación actica se los estudiantes.

Uno de los aspectos más valioso fue la posibilidad de adecuar los contenidos a la realidad de los niños. Cuando el aprendizaje se relaciona con aquello que los estudiantes viven, observan y experimentan diariamente, este se vuelve más significativo e integral. Los resultados pudieron evidenciarse en el interés de los estudiantes, en su participación constante y en el reconocimiento de los padres de familia, quienes expresaron su satisfacción al observar cambios positivos en sus hijos.

Asimismo, el uso de materiales que podían ser replicados en casa permitió fortalecer la participación familiar en el proceso educativo. La educación no termina cuando concluye la jornada escolar, por el contrario, se fortalece cuando la familia acompaña y participa activamente en el aprendizaje de los niños.

Como toda experiencia educativa, también enfrente desafíos. El espacio reducido del aula dificultaba algunas actividades que requerían movimiento, dinámicas grupales o la organización de materiales. A ello se sumaron factores externos como las inclemencias climáticas, problemas de salud y situaciones imprevistas que alteraron la planificación inicial, al igual que niños con discapacidades y los avances tecnológicos sin control que los niños pueden ver contenidos no apropiados para su edad. Del mismo modo, observé retos propios de la educación actual, como la atención a niños con distintas necesidades educativas y el acceso cada vez más temprano a la tecnología, que puede exponerlos a contenidos no adecuados para su edad. Sin embargo, estas dificultades me enseñaron una de las lecciones más importantes de la labor docente: la planificación debe ser flexible y capaz de adaptarse a las circunstancias sin perder de vista los objetivos educativos.

Las prácticas educativas permiten desarrollar competencias profesionales que difícilmente pueden adquirirse únicamente desde la teoría. Cada experiencia vivida en el aula se convierte en una oportunidad para crecer como educadores y comprender la responsabilidad social que implica nuestra profesión. Por ello, considero que las prácticas educativas constituyen uno de los pilares fundamentales de la formación docente y deben seguir siendo promovidas.

Asimismo, es fundamental impulsar espacios de aprendizaje en los que el juego, la experimentación y la participación activa ocupen un lugar central. Cuando se brinda a los niños la oportunidad de aprender haciendo, descubriendo y creando, se siembran semillas que contribuirán a su desarrollo integral y a la formación de personas capaces de aprender durante toda la vida.

La educación tiene la capacidad de transformar realidades, y muchas veces esa transformación comienza con algo tan sencillo como permitir que un niño juegue, explore y se maraville con el mundo que tiene frente a sus ojos. En estos espacios, los acontecimientos se convierten en experiencias significativas y los desafíos se transforman en oportunidades de aprendizaje. Es allí donde los futuros maestros descubrimos que educar significa acompañar procesos de crecimiento, transformar realidades y contribuir al desarrollo integral de las nuevas generaciones.

Concluyo expresando mi agradecimiento a las y los docentes formadores que acompañan a los estudiantes en su incursión en el ámbito educativo, compartiendo sus conocimientos, experiencias y orientaciones. De igual manera, agradezco a las directoras, directores y docentes de las unidades educativas que abren sus puertas a los practicantes con disposición, compromiso y espíritu de colaboración. Su apoyo y acompañamiento constituyen un aporte invaluable en este proceso formativo, permitiéndonos fortalecer nuestras competencias y comprender, desde la experiencia, la verdadera dimensión de la labor docente.

(*) Liliana Jimena Rojas Seas es docente

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