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Bolivia tiene un candidato no oficialmente ganador de las elecciones con una supuesta mayoría absoluta que favorece a Luis Arce Catacora, del Movimiento Al Socialismo, todo en condicional, porque sensiblemente el país no tuvo ese día un conteo preliminar del Órgano Electoral Plurinacional (OEP), como correspondía.

Si bien el recuento oficial hasta anoche tendía a confirmar la estimación señalada por los estudios de dos empresas encuestadoras la medianoche del domingo 18, una privada con fines de lucro y otra de una alianza de instituciones sin fines de lucro, no es aceptable para una democracia que el resultado de la jornada lo den empresas privadas y no el Órgano Electoral como es su obligación.

Los datos que ofrecieron las dos instituciones son estimaciones basadas en la combinación de dos técnicas de recolección de resultados: la boca de urna y el denominado conteo rápido, que consiste en la toma de muestras de algunas actas de todos los departamentos del país, con los que se hace una proyección de resultado final.

Capítulo aparte de análisis merecería lo que ocurrió la noche del domingo con las dos empresas encuestadoras, que además de manera coincidente no ofrecieron la información esperada a las 20:00 horas como ellas mismas lo anunciaron, y lo hicieron pasada la medianoche, es decir, más de cuatro horas después.

La explicación que ofrecen es que sufrieron retrasos en la recolección de datos al 95 por ciento de sus muestras, como exige la ley según dijeron, lo cual es en parte comprensible, quizá porque a diferencia de otros años esta vez la elección se extendió de ocho a nueve horas, pero aun así continúa llamando la atención que el retraso no fuera igual a esos mismos 60 minutos de extensión del tiempo de votación, sino de más de cuatro horas. ¿Qué pasó exactamente ahí? ¿Por qué en elecciones anteriores daban resultados a las 20:00 y esta vez no?

Pero finalmente nada obliga a las empresas a presentar los datos a las 20:00 ni a ninguna otra hora, porque si lo hacen, al menos en uno de los casos, es en cumplimiento de contratos comerciales que establecen con medios de comunicación y usualmente también con algunos partidos políticos, y en el otro caso con financiamiento de las instituciones que conformaron su alianza.

Pero al final, las empresas encuestadoras son libres de retrasarse e incluso de no hacer esos estudios estadísticos en jornadas electorales; lo que no parece aceptable es que el país conozca por ellas y no por el Órgano Electoral Plurinacional quién ganó y quién perdió la elección el mismo día de los comicios.

Pasadas las 19:00 horas del sábado; es decir, a pocas horas del inicio de la jornada de votación, el Tribunal Supremo Electoral informó de la sorpresiva suspensión del sistema de Difusión de Resultados Preliminares (Direpre) por fallas en las pruebas y simulacros que se hicieron para comprobar su correcto funcionamiento.

Se preveía que el Direpre recogiera datos de una muestra de actas fotografiadas en todo el país y con eso debió informar los resultados preliminares a un determinado porcentaje de la votación; resultados que no serían vinculantes, pero sí procedentes de una fuente oficial: el OEP.

Eso no pasó, y el Tribunal Supremo Electoral le debe una explicación más convincente al país, para disipar las señales de desconfianza y molestia que comenzaron a correr desde aquellas horas de la medianoche.

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