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Preparando el día después del coronavirus…

Carlos Hugo Molina 17/3/2020 03:00

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El coronavirus llegó para ponernos a prueba en nuestras capacidades humanas, sociales, políticas y económicas.

Enfrentamos el día después el incendio en la Chiquitania después de las lluvias y cuando se agotó la masa inflamable. El verde reparte su esperanza y nos hace soñar.

El día después de la política se dará el 4 de mayo, cuando se conozca el escenario definitivo de la elección y las acciones y alianzas que consolidarán la derrota electoral del MAS.

Los 21 días de las pititas y rotondas, tensionaron las relaciones sociales y la economía; la macroeconomía siempre hará uso de sus mecanismos para enfrentar crisis pues en ella se juega la sobrevivencia del Estado.

La última actividad realizada en Santiago de Chiquitos, el Festival CONSEVARTE el fin de semana pasada, es nuestra apuesta al día después para lograr desarrollo sostenible y progreso para la gente, en su propuesta sólida por el desarrollo económico local y el turismo. Y hemos comprobado que funciona.

El día después, significa tener claro que una crisis, que un tránsito, que una prueba tiene un inicio y tendrá un final. Sin embargo, no olvidemos que las pruebas anteriores tenían un ámbito territorial reducido a soberanía nacional.

Hoy, se nos ha cambiado radicalmente el escenario, y tendríamos que asumir lo ocurrido como una suerte de preparación, de capacitación, de entrenamiento para enfrentar esta nueva prueba.

En esencia, las condiciones no son distintas y tenemos una ventaja social para combatir al coronavirus, expresada en una cualidad positiva de la sociedad por su fortaleza organizativa, capacidad de reacción y resiliencia, que está intacta y está lista para hacerla funcionar.

La organización social comunitaria que coordina la vida en los territorios. La presencia sindical como instrumento de movilización y crecimiento, como lo recuerda permanentemente Juan Claudio Lechín. Los Comités Populares de Salud propuestos por Javier Torrez Goitia y Erwin Saucedo a finales de la década de los sesenta. Los instrumentos de Prosalud organizados por Carlos Cuéllar. 

Las OTB propuestas por la Participación Popular. Los alcaldes que han asumido experiencias innovadoras, como en San José de Chiquitos, con Germaín Caballero. 

La red virtual de salud ciudadana desarrollada por Douglas Villarroel. Las iniciativas de gobernaciones como Tarija, con Mario Cossío, o Santa Cruz, con Rubén Costas. Las propuestas inconclusas del SUS. La solidaridad activa y eficaz durante el incendio de la Chiquitania. Y las pititas y rotondas, que nos devolvieron la democracia.

Esto no sería distinto de un paro general indefinido, solo que con acciones profilácticas.

En esta oportunidad, el protocolo básico busca no rebasar la capacidad del sistema sanitario a través de una cuarentena. “El rápido autoaislamiento (en casa, ante sospechas de tener el virus), la búsqueda de asesoramiento médico por teléfono a menos que los síntomas sean graves y el distanciamiento social son esenciales” insiste Cuéllar.

Y como la tarea es mundial, hay que estar a la altura del momento. “Después del impacto emocional, vendrán la depresión, la ira, el duelo...y los acuerdos necesarios para retomar la normalidad...” dice el sicólogo social Jesús Ortego.

“El mundo entero está ante un nuevo reto. El reto de educar sin histeria... de actuar sin perjudicar... de colocarnos en una postura mental que aporte a parar la epidemia, a crecer como seres humanos y a fomentar aquellos valores que nos hagan mejores. 

La ignorancia, el egoísmo, la irresponsabilidad, la falta de ética, es lo que debe combatirse en esta lucha que algunos creen es solo contra el coronavirus”, lo recuerda la neurocientífica, Alicia Landívar.

 



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