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5 de enero de 2019, 4:00 AM
5 de enero de 2019, 4:00 AM

El coloso dormido ojalá despierte y sea para todos los bolivianos una fuente de trabajo, ya que esta siderurgia puede convertirse en un multiplicador de varias empresas, pequeñas y grandes, pero es haciendo, no como desde hace 100 años que el centralismo promete la explotación del complejo minero, pero no ocurre nada; hoy estamos esperanzados en que así ocurra.

Cuando uno va al cerro Mutún con un porteño, como yo fui muchas veces con mi gran amigo Mario Zambrana Colombo, veía en sus ojos esperanza y al mismo tiempo impotencia de no explotar semejante riqueza; y pasan los años y las promesas no se cumplen o se cumplen a medias.

Pero el gigante rocoso no solo nos muestra riqueza minera, sino que en su seno se ven rastros de civilizaciones inteligentes típicamente sudamericanas, que dejaron sus huellas indelebles en varias zonas a lo largo y ancho del cerro sobre el mineral de hierro.

Estas manifestaciones culturales no solamente están en Mutún, sino también han sido observadas en Brasil, o sea, en el Urucún de Corumbá, con las mismas características, hechas con las mismas manos o, por lo menos, las mismas tribus que vivían en ese entonces en la zona, personas de la misma cultura que habrían efectuado esas marcas en bajo relieve; allí se preserva la riqueza cultural.

¿Cuántos años tienen? Es un misterio, 1.000, 700 años o quizás más, lo que sí interesa es saber preservarlas ahora para que perduren en el tiempo; he sabido que por encima de las huellas, que lamentablemente están al paso y en un sendero limpio, pasan camiones y varios vándalos han pintado o escrito en la roca nombres personales y otras leyendas.

¿Qué recomendar? Con el propósito de preservar el patrimonio cultural que tiene Mutún, la empresa que iniciará en breve la explotación de hierro y manganeso debe poner una malla o filas de alambre alrededor de las pistas, labradas hace cientos de años para que perduren y no solo los estudiosos de estas particularidades únicas puedan solazarse analizándolas, sino el pueblo en general, a fin de que cuando vaya a ver la explotación del mineral pueda también contemplar los grabados en su magnitud real.

El arqueólogo Carlos Kaifer recomendó, en 2006, que los petroglifos de Mutún sean declarados Parque Arqueológico (19° 12´ latitud sur y 57° 52´ longitud oeste; el sitio llamado La Cruz y aledaños), ya que se han evidenciado varios deterioros efectuados por la explotación, como que en las inmediaciones de los grabados existía una planta procesadora que dañó algunos de ellos, o el camino que pasa por encima de los petroglifos o, también, gente desubicada que construyó algo con piedras aludiendo fines religiosos.

La idea de hacer de esa pequeña parte del colosal cerro un parque arqueológico no es entorpecer la explotación del mineral, ya que es tan grande y vasto que se puede preservar esa pequeña zona con fines turísticos y científicos; hay que seguir estudiando la historia, la etnografía y la migración de estos asentamientos a lo largo de la Chiquitania, pues son parte de la gran densidad de sitios con petroglifos y pinturas rupestres que existen. La misma empresa minera podría hacer una oficina de turismo y de explicación de la arqueología con señalización.

En fin, creo que es importante que tanto las autoridades locales como nacionales nos den la esperanza de explotar Mutún y preservar los sitios arqueológicos, tan necesarios para el conocimiento del pasado prehispánico. La preservación debe ser hecha de inmediato antes de que los grandes camiones destruyan los petroglifos para siempre.

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