Opinión

Prevenciones ante desastres naturales

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7 de febrero de 2018, 4:00 AM
7 de febrero de 2018, 4:00 AM

La semana pasada fue particularmente triste en Bolivia. La intensidad de las lluvias provocó inundaciones, pérdidas materiales y hasta se cobró vidas. Paradójicamente, los mismos elementos naturales indispensables para el diario vivir -en este caso el agua- cuando se salen de norma se transforman en enemigos terribles y causan enormes daños. En otras ocasiones es el viento transformado en huracán o la tierra que se abre provocando terremotos; tenemos además los mares con sus tsunamis, el fuego con nefastos incendios -provocados o espontáneos- y así sucesivamente.


La lista de desgracias naturales a lo largo del mundo es extensa. En el territorio nacional felizmente no llegamos a la magnitud de tragedias que se observan en lugares menos afortunados, pero igual tenemos lo nuestro, aunque, a Dios gracias, en menor dimensión. Ello no quita, empero, la necesidad de prevenir cuantas veces sea posible y de intervenir adecuadamente cada vez que sea necesario. Para estas azarosas circunstancias, a lo largo del planeta todo Estado organizado tiene su cuerpo de Defensa Civil.


En nuestro país (http://www.defensacivil.gob.bo/) y  con el alambicado lenguaje que tanto le gusta a la actual administración, existe el llamado Sistema Integrado de Información y Alerta Para la Gestión del Riesgo de Desastres (Sinagersat), a cargo del Viceministerio de Defensa Civil. El sitio web nos informa de que contiene la base de información de amenazas, vulnerabilidades y niveles o escenarios de riesgo, de vigilancia, observación y alerta, de capacidad de respuesta y de parámetros de riesgo para la toma de decisiones y la administración de la gestión de riesgo.  Agrega que son componentes del Sinagersat: el Sistema Nacional de Alerta Temprana para Desastres (Snatd), el Observatorio Nacional de Desastres (OND), la Infraestructura de Datos Espaciales  (Geosinager) y la Biblioteca Virtual de Prevención y Atención de Desastres (Bivapad). Impresionante, pero los hechos a la vista demuestran que el contenido real, el accionar en emergencias puntuales, sigue dejando mucho que desear.


En Bolivia las estaciones están bien marcadas, se sabe casi con certeza el comienzo y fin de la época de lluvias. Es  allí donde debería funcionar con eficacia un mecanismo de alerta temprana que comience a trabajar en la solución de dificultades y se prepare hasta para enfrentar lo impredecible. Pero no, eso no ocurre, está visto que más valen frases huecas que contenidos efectivos. Es por eso que cada año observamos tragedias similares ¿Hasta cuándo seguiremos así?

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