Opinión

Primera semana de campaña electoral

El Deber 28/7/2019 04:06

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La primera semana oficial de campaña electoral pone en evidencia cuánta distancia hay entre la clase política y el electorado; pero los candidatos y los partidos son capaces de tejer una realidad paralela e involucrar a la ciudadanía en ella. Así, aparecen los que muestran un país de las maravillas, donde todo avanza como debe, los del frente hablan de corrupción, de despilfarro y de falta de legalidad en el proceso. Mientras tanto, el Órgano Electoral avanza a pesar de las críticas a la forma en que organiza los comicios.

Los partidos ya presentaron sus planes de gobierno, pero estos quedaron rezagados. Les ganó la guerra sucia, los escraches a ciertos candidatos a diputados y a senadores. A ello se sumaron las intervenciones con tintes regionalistas. Ya se anticipaba, pero aún quedaba la ilusión de que las propuestas podían ser el centro del debate, de que la racionalidad ganaría en una elección que es histórica y que marcará el futuro del país.

Lejos de demostrar que Bolivia les interesa de verdad, que son capaces de respetar la institucionalidad, los partidos demostraron que lo que les importa es ganar a como dé lugar. Quizás por eso hubo tanta improvisación en las listas de candidatos, al extremo de que se inscribieron nombres ‘fusible’, a sabiendas de que se los iba a reemplazar más temprano que tarde. Si bien todos los bolivianos tienen derecho a ser legisladores, no se logra comprender que aparezcan tantos perfiles con actividades tan distantes de lo que es la vida política. ¿Será porque en realidad no se busca legislatura, sino caras conocidas que atraigan votos, aunque haya dudas de su desempeño en el Congreso?

Por otro lado, el Órgano Electoral sigue dando pasos cuestionables. No acaba de resolver la situación del candidato oficialista que pidió votos a cambio de obras públicas, cuando sanciona a otro partido y postulante por emitir un spot de campaña antes de los plazos previstos por la normativa, con lo que deja pocas señales de ecuanimidad. También está pendiente la decisión acerca de si aceptará o no las renuncias de candidatos de tres partidos elegidos en primarias.

El canal estatal aún transmite actos oficiales que, en el fondo, son político-electorales, sin que haya conciencia en el oficialismo acerca de que es una conducta poco ética ni sanciones de parte del árbitro que ya debería estar atento a esas manifestaciones.

A su vez, el Consejo Nacional de Defensa de la Democracia (Conade) ha llamado a tres actos de protesta: una marcha para el 10 de agosto, un paro cívico nacional para el 21 de agosto y un paro nacional indefinido desde el 10 de octubre. Son apuestas arriesgadas en un país en el que no se sabe si se mantiene firme la defensa del 21-F o si la ciudadanía sucumbe a los relatos políticos que muestran una realidad paralela.

A estas alturas, se desconoce el horizonte. Entretanto, el desempleo (especialmente de jóvenes) está elevado; hay menos consumo; la producción de alimentos enfrenta problemas; la banca habla de menor rendimiento. Por otro lado, siguen cayendo capos del narcotráfico internacional con identidad boliviana; la justicia aún es señalada por sus dudosas decisiones, etc. La Bolivia real dista mucho de la Bolivia que están creando los políticos. A los ciudadanos de a pie nos toca estar atentos para no caer tan fácilmente en ese mundo seductor que se nos presenta y se nos presentará en el futuro inmediato.

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