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Procesos electorales, la sinfonía de una destrucción social anunciada

Max Baldiviezo 25/10/2019 03:00

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 “Encontrar una nueva forma de enfrentar el callejón sin salida que nos proponen las democracias li­berales”, Salvok Zizeku. Estamos en una etapa crítica debido a un bombardeo de por­centajes de egos en la búsqueda de encontrar a un líder hegemó­nico, quien traduzca las necesida­des de las clases más vulnerables y sea sensible con aquellas que re­quieren la mano de obra, genera­da precisamente en las categorías sociales bajas. 

Aunque suene en­redado o chipado, la dialéctica del opresor se basa en la bienvenida que le otorga el oprimido. Las elecciones generales, en un marco de conjunción real, so­lo se traducen en la necesidad de mostrar las fortalezas de grupos políticos con visiones diferentes: de democracias deformadas, se­gún sus cánones ideológicos, que pasan desde un autoritarismo ra­dical, la soberbia y la pérdida de la ética. Mantener el poder a un costo tan alto fragmenta y divide nuestra conciencia social de ar­monía y convivencia. 

Esta fiesta de mercadeo polí­tico, dentro de este mutilante y desgastante proceso, inició con las propuestas más excéntricas: racismo cerrado, patriarcalismo obsoleto -pero muy dañino-, au­todenominación nacionalista que busca al verdadero boliviano con recetas extraídas de las dictadu­ras. Todas ellas siguen la línea de un corroído sistema y que se re­fleja mediante la violencia en las distintas ciudades del país. 

¿En qué nos convertimos? Esa debería ser la pregunta de los corredores de esta pugna electoral que alimentaron las renci­llas sociales; o como decimos los del pueblo, ellos encendieron la fogata y nosotros quemamos el respeto al “prójimo”, pero suena mejor al próximo. 

La derrota de la tolerancia, forjada por el fuego de la intolerancia, se convirtió en los colores políticos, acompaña­dos por satélites ultranacionalis­tas que bailan alrededor como al querer ganar la voluntad popular, con declaraciones bizarras y mi­radas obtusas. Una vez terminada esta carrera de galgos sacaron las más bajas miserias de grupos sectarios, ba­sados en autodenominaciones que convocan a la movilización, que se entrampan en los más mezquinos y oscuros escritorios de los confabulares. 

Al final, solo queda esperar quién será el más osado para llevarse el cinturón del campeón de este pugilato demo­crático. Ahora es tiempo de pensar en cambiar los flujos democráticos, en sinfonías de convivencia, en el cual los bombos, tambores y trompetas puedan hacer fluir el poder, que no debería estar fun­dado en las diferencias raciales, sino en la aceptación del otro co­mo parte de los procesos de cre­cimiento social, enmarcado en la convivencia, cuidado del medio ambiente y una necesaria indus­trialización bajo un control social.