Edición Impresa

Programas de empleo: ¿sopita de cardán o viagra económico?

Gonzalo Chávez/Economista

Gonzalo Chávez 4/5/2020 06:03

Escucha esta nota aquí

En la vieja tradición política boliviana de hacer anuncios importantes el primero de mayo, esta semana el Gobierno nacional presentó un programa de empleo masivo. La política económica del Gobierno sigue a puntillas el manual clásico del pensamiento keynesiano: sustentar la demanda agregada interna a través de bonos e inversión pública para crear empleos de emergencia.

Los programas de empleo ofrecidos son una réplica del Fondo Social de Emergencia, del Plane y otros proyectos de este tipo adoptados por gobiernos de los años 80 y 90. Este tipo de acciones, en momentos de crisis, es lo más recomendable. Pero en periodos de bonanza, como fue el caso del gobierno de Evo, programas de trabajo de emergencia muestran déficit de ideas y despilfarro. El Evo Cumple fue el primo rico y opa de los programas del pasado mencionados.

La inversión en infraestructura pública de salud para reactivar la demanda interna y crear empleos es una muy buena idea si esto es el comienzo de un programa más sofisticado y amplio que vaya más allá de la emergencia. Por ejemplo: 1) la infraestructura a ser construida debería también incluir espacios para acelerar la educación digital, lugares de coworking, laboratorios de prototipado, espacios para trabajar con la gente de la tercera edad, ambientes de reuniones para la comunidad, sitios para alojar emprendimientos; es decir, espacios de futuro, naves de porvenir que impulsen cambios del patrón de desarrollo en los barrios y áreas rurales. Es decir, creando conglomerados de desarrollo productivos y tecnológicos en base a pequeñas empresas. Y 2) estos programas deben fortalecer municipios y gobernaciones y no sustituirlos.

En la macroeconomía keynesiana tradicional, existe una gran tentación de quedarse en la repartija de plata. También debemos abordar la forma de financiar, de manera no inflacionaria, los bonos y la inversión pública. Aquí los desafíos son más complejos. En Bolivia, cualquiera que sea el gobierno que surja el 2021 heredará deudas y muchas restricciones macroeconómicas. A pesar de la tozudez con que se mueven nuestros políticos, voy a insistir en que este tipo de programas requieren de un gran acuerdo nacional para distribuir, en el tiempo, ganancias y pérdidas.

El keynesianismo tradicional sostiene que un mayor gasto público, aumenta la demanda de bienes/servicios y también de dinero, y por tanto, puede provocar la subida o no reducción suficiente de las tasas de interés. Con el precio del dinero más caro, la inversión privada se contrae. Lo que se gana con una mayor intervención estatal se pierde con la inhibición del sector privado. Esto se conoce técnicamente como el efecto desplazamiento (crowding out). En este contexto, para que los estímulos fiscales sean efectivos, la política monetaria también debe ser contracíclica. Es decir, que las autoridades monetarias deben bajar las tasas de interés.

Un elemento central de esta escuela, es la idea del multiplicador keynesiano del gasto público, que se puede visualizar como cuando uno arroja una piedra (un boliviano o dólar) a un estanque de agua y observa cómo después del impacto, éste se multiplica y amplía en círculos cada vez mayores. Los bonos hacen algo similar, producen que el consumo de bienes aumente, lo que a su vez, induce a que las empresas elaboren más productos y contraten personal adicional. Al final del día, fábricas en movimiento y empleados con más plata, estimulan la demanda agregada de más bienes y servicios. El estímulo fiscal se ha convertido en crecimiento económico cuando la oferta reacciona de manera ordenada y la economía está cerrada. 

El multiplicador keynesiano tiene dos componentes: la propensión marginal a consumir, en sencillo, cuánto de l00 bolivianos transferido por el Gobierno, a las personas, se convierte en gasto efectivo y cuánto va al ahorro (propensión marginal a ahorrar). Obviamente, cuanto mayor es la propensión a consumir de la población, mayor el impacto del estímulo fiscal en la producción. En general, grupos sociales pobres tienden a consumir más de sus ingresos, por eso, transferencias de dinero o pagos de seguros de desempleo a estas personas tienden a ser más efectivos. El sector de la construcción tiene un elevado multiplicador, por eso el programa de empleo de Bolivia se centra en infraestructura.

El otro componente del multiplicador keynesiano es la propensión marginal a importar, cuánto del dinero transferido a la gente o las firmas se destina a la compra de bienes del exterior; es decir, a las importaciones. En el caso boliviano, la propensión marginal a importar es muy elevada, mire a su alrededor y vea cuántos de los bienes que posee son nacionales o extranjeros. Además, en una economía muy abierta y con un tipo de cambio real apreciado, los estímulos fiscales tienden a ser poco efectivos y fomentan las importaciones, legales e ilegales, y no reavivan la actividad interna. Esto se debe evitar.

Otro supuesto fuerte del anterior razonamiento es que la oferta reacciona de manera uniforme. En la crisis actual éste no es el caso. No estamos solo frente a un problema de demanda. Con la crisis de oferta creada por la cuarentena, empresas y productores reaccionarán en tiempos y velocidades diferentes. Muchas actividades trabajarán a media capacidad por muchos meses, piensen en los restaurantes, por lo que el apoyo, por el lado de la oferta, es imprescindible y tiene que ser por sectores.

El desafío a futuro es implementar un keynesianismo de última generación o 5.0 donde hablemos de bonos inteligentes, inversión pública reconstructora y diversificadora de la producción, inversión en infraestructura en educación, que construya los andamiajes de la nueva economía digital que la crisis de la pandemia ha acelerado. Una siguiente generación del pensamiento keynesiano también debería apoyar la transición energética y la construcción de un nuevo paradigma productivo respetuoso del medioambiente. Bueno a la pregunta del título. Dejó en sus manos la respuesta.