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El presidente de Argentina, Alberto Fernández, se convirtió en tendencia mundial en estas últimas horas por una frase muy cuestionada que pronunció el miércoles en una conferencia junto al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, cuando, según él citando al Nobel de Literatura Octavio Paz, dijo: “Los mexicanos salieron de los indios, los brasileños salieron de la selva, pero nosotros, los argentinos, llegamos en los barcos de Europa; así construimos nuestra sociedad”.

Para comenzar, la frase no es de Octavio Paz, como erradamente dijo el populista Fernández, sino que corresponde a una parte de una canción del artista argentino Litto Nebbia, aquel que en 1967 compuso La balsa junto a José Alberto Iglesias. Si alguna referencia hicieron al tema tanto Octavio Paz como Carlos Fuentes, también escritor mexicano, tuvo el sentido de recoger un viejo chiste de esos que circulan en la región, y usarlos con el fin de hacer una broma que, naturalmente, no comparten. Como aquel otro que dice que el mejor negocio del mundo es comprar un argentino por lo que vale y venderlo por lo que dice que vale.

Pero más grave que el lapsus fue la connotación racista de las palabras del mandatario argentino, que en un alarde que desnuda la verdadera naturaleza de su pensamiento, se declaró orgullosamente europeísta, y enseguida remató con aquello de que ellos, los argentinos, llegaron de Europa en barcos.

El kirchnerista Fernández peló capucha, se diría en Santa Cruz, para designar su comportamiento hipócrita, que en el discurso político se declara hombre de izquierda, aliado político de la causa indígena, y que pregona una doctrina de la que ayer él demostró estar a muchos años luz. Resulta, pues, que el gran defensor de los más humildes, el gran “progresista” argentino, aliado de Nicolás Maduro, Evo Morales, Cuba y Rusia, había sido un izquierdista con delirios de pertenecer a la aristocracia, y nada menos que europea.

Sin embargo, todavía no se ha escuchado a sus aliados políticos criticar el racismo de Fernández; ellos, que por asuntos mucho menores levantan el grito al cielo para acusar de discriminación, humillación y otras expresiones a sus adversarios políticos, en este caso eligieron hacer mutis por el foro.

Al que sí se ha leído es al presidente Jair Bolsonaro, quien respondió irónicamente con una fotografía en su Twitter, en la que publicó una foto suya rodeado de más de 20 integrantes de un pueblo originario de la Amazonia, con una sola palabra descriptiva: “Selva”.

Un día después, el mismo Bolsonaro afirmó: “Yo creo que para Maduro y para Fernández no tenemos vacuna”, en alusión a aquella época en que el presidente venezolano decía que conversaba con los pajaritos porque ellos encarnaban la figura del difunto Hugo Chávez.

Después llegó la disculpa de Fernández, que en un caso así se acepta por razones diplomáticas, pero no borra lo que dijo. En su propio país, aquellas expresiones merecieron el más amplio rechazo de personalidades que declararon una vergüenza nacional, que criticaron la ignorancia del mandatario, y la discriminación de sus expresiones con los pueblos originarios de la región y con los propios argentinos.

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