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La imagen de un colorido tucán muerto y colgado del pico entre un poste y una cincha metálica en el barrio de Equipetrol de Santa Cruz en días pasados ha tocado las fibras más sensibles de una población, que hoy no es indiferente con la vida de los animales, silvestres o domésticos.

A la vez, ha generado una generalizada indignación y un pedido común para que se investigue hasta dar con los responsables de ese desafortunado hecho, que bien pudo ser producto de un acto de crueldad extrema o -sería mejor pensar en esta posibilidad- de un accidente seguido de una inapropiada decisión de dejar en abierta exposición al animalito muerto.

El Ministerio de Medio Ambiente y Agua solicitó a la Policía Forestal y de Preservación del Medio Ambiente una investigación para sancionar a los responsables por la tenencia, manejo y tráfico ilegal de especies de la biodiversidad, sancionado penalmente con la privación de libertad de hasta seis años.

La imagen circuló por redes sociales, pero en la investigación no se pudo encontrar el cuerpo del animal para realizar una autopsia que permita conocer la causa de la muerte del tucán y los posibles motivos del desgraciado hecho.
Las autoridades anunciaron que irán, como se dice popularmente, hasta las últimas consecuencias con la investigación del caso, para sancionar ejemplarmente ese acto criminal y aplicar la ley, que prohíbe la tenencia de animales silvestres en las casas como si fueran mascotas.

Considerando que en estos tiempos prácticamente no hay calle que no esté cubierta con cámaras de vigilancia, la investigación debiera dar las pistas necesarias para identificar a los autores, pero eso tiene un límite de tiempo porque los equipos de vigilancia no suelen retener las grabaciones por mucho tiempo, sino una semana en la mayoría de los casos.

También hace pocas semanas se conoció otro caso de maltrato animal con otro tucán al que le golpearon salvajemente el pico como absurdo castigo porque el animalito estaba comiendo una papaya. 

Pese a que se intentó salvar la vida del tucán cosiéndole el pico roto, al final el animal murió por las secuelas del maltrato y el estrés que llevó a sus últimas horas esa criminal apaleada. 

¿En qué clase de mente dañina, perversa y salvaje cabe la posibilidad siquiera de que una persona haga esa demostración de crueldad sin límites? Tiene que ser una mente enferma la que cometa esos actos ante especies indefensas que no tienen cómo luchar por su vida.

Hace falta sensibilizar a los habitantes de la ciudad para que entiendan no solamente que la vida animal se debe proteger, sin importar la especie, sino también que es el hombre el que con el crecimiento desmesurado de las ciudades invade el hábitat natural de los animales y muchas especies quedan atrapadas o llegan a las áreas pobladas buscando el lugar donde antes vivían.
Por tanto, si alguien es culpable de despojar de su hábitat a los animales es el propio hombre. Al menos por esa razón se debiera tener consideración con ellos.

Una forma de hacer algo por nuestras especies es apoyar a las organizaciones defensoras de la vida silvestre, que pese a sus limitaciones económicas hacen esfuerzos sobrehumanos y ejemplares por proteger aquello que otros destruyen.