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14 de marzo de 2017, 4:00 AM
14 de marzo de 2017, 4:00 AM

La lengua comunica y es un símbolo por el que una comunidad proyecta su cultura y visión del mundo. Así, usar una variante de lengua es una expresión de identidad y lealtad a ciertos grupos sociales: familia, generación, culto, clase, en un marco plural y dinámico. Esta consideración es básica en la necesaria reflexión acerca de la variante de Santa Cruz y las políticas lingüísticas regionales.

El registro sistemático del dialecto y su explicación científica son el paso inicial para sentar presencia en obras descriptivas y normativas del español actual, tarea que concierne a la universidad pública y a la Academia Cruceña de la Lengua. Las compilaciones que realiza acá la Academia Nacional no logran armar un corpus exhaustivo que incida en un campo de estudios cuyos resultados permitan, por ejemplo, a correctores y proyectores lingüísticos de celulares y computadoras, aceptar o no de momento ‘vení’ o ‘polera’. 

Los medios de comunicación han abierto espacio al dialecto local en los medios orales y escritos, en los textos escolares, en la música y la literatura… Asuntos ‘serios’ de la vida pública que antes ocupaban solo la variante estándar hoy se tratan en la variante local. En esta vía, el Comité Cívico hizo circular hace años volantes a favor del uso del ‘vos’ como parte de la reivindicación política regional, pero con poca difusión del sustento ideológico y en un marco aislado. 

Hoy los usuarios de a pie marcan su territorio en el escenario de las nuevas tecnologías al escribir ‘voj’ o ‘aiga’  tal cual hablan. Al entrar en el espacio visual de la escritura, resulta una afirmación de identidad. En este mundo virtual, niños y jóvenes –que antes ajustaban su forma de hablar en recreos y canchas de barrio–, en su deseo de identificación y reconocimiento, eligen hoy ‘blogs’ y ‘fandoms’. Así, si bien antes las hablas locales se perpetuaban en la familia, a futuro esto no será evidente. 

De seguro que la escuela continuará familiarizando a niños y jóvenes con la variante estándar, pero sería además pertinente trabajar en la concepción de la diversidad lingüística como algo natural y positivo, no como fuente de discriminación, y reforzar la adecuación a la variante y el registro preciso para cada situación comunicativa.

En cinco décadas más se puede esperar una Santa Cruz cuyo desarrollo integral implique la reflexión y potenciación de su expresión lingüística como parte de un desarrollo social inclusivo y plural que acompañe su avance económico y político 

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