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La madrugada del miércoles tres militares bolivianos acusados de robar autos fueron detenidos por Carabineros de Chile en territorio chileno en la región fronteriza de Colchane y de inmediato comenzó la guerra de versiones entre los dos países: Santiago habla de una incursión ‘grave’ de funcionarios del Ejército boliviano que entraron 15 kilómetros, mientras La Paz asegura que la patrulla hacía un operativo de decomiso de vehículos de contrabando.

La prensa de Iquique informó que tres personas denunciaron ante Carabineros de Chile que habían sido víctimas de un robo de vehículos con intimidación de palabra y disparos por parte de individuos que se identificaron como militares bolivianos, que llevaban uniformes y armamento.

Carabineros de Chile, dice la prensa de ese país, divisaron tres vehículos que parecían desplazarse en fuga por el salar de Coipasa en dirección a territorio boliviano y comprobaron que los vehículos eran conducidos por sujetos vestidos de uniforme militar.

Cuando intentaron fiscalizarlos, del primer vehículo en fuga efectuaron disparos contra el personal de Carabineros y estos en respuesta repelieron el ataque con armas de fuego de servicio y detuvieron a uno de los vehículos y a sus tres ocupantes que portaban armas del tipo fusil y dos pistolas.

Los tres detenidos bolivianos fueron identificados como un teniente, un subteniente y un sargento segundo que pertenecen al Batallón CEO La Paz de Lucha contra el Contrabando.

El Ministerio de Defensa del Gobierno de Bolivia afirmó que se activaron los canales diplomáticos para superar lo que consideran un ‘lamentable impasse’. Según la versión boliviana, la Fuerza de Tarea Conjunta Bravo Huachacalla realizaba un operativo de decomiso de vehículos que se internaban ilegalmente a territorio nacional en al área fronteriza Pisiga-Colchane y que en esas circunstancias la patrulla fue interceptada por Carabineros de Chile haciendo uso de la fuerza.

Producto de ese incidente resultó herido un oficial boliviano que fue trasladado a Oruro para su revisión médica, mientras otros tres fueron detenidos, dice el Ministerio de Defensa.

Planteadas así las contradicciones entre las versiones de uno y otro lado, lo que menos le favorecerá al país es politizar el tratamiento de un incidente que tiene todas las características de ser un caso confuso de contrabando y probablemente robo de vehículos. Las investigaciones deben indagar detalles en ese marco, sin intentar sacar provecho político de una relación binacional sensible que da para mucho cuando alguien quiere exaltar los ánimos nacionalistas de uno u otro lado.

El caso tiene dos antecedentes muy similares de triste memoria. El primero ocurrió en 2013, cuando tres soldados bolivianos que ingresaron ilegalmente a Chile portando un arma de fuego fueron detenidos por 32 días y luego liberados por la justicia chilena, después de aceptar una solución alternativa para evitar un juicio. Al retornar a Bolivia, los tres soldados fueron condecorados por el entonces presidente Evo Morales.

En marzo de 2017, dos militares y siete funcionarios de la Aduana boliviana también fueron detenidos por Carabineros de Chile en la región fronteriza cuando fueron sorprendidos intentando robar camiones chilenos.

Días después, tras ser expulsados del vecino país, Evo Morales también los condecoró y los declaró “mártires de la reivindicación marítima”. En Chile dijeron en aquella ocasión que por razones políticas el presidente boliviano estaba condecorando a delincuentes. Un año después, uno de los condecorados fue detenido por contrabando de camiones chilenos por efectivos bolivianos de lucha contra el contrabando.

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