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El muy importante diario argentino La Nación ha dedicado uno de sus editoriales de ayer, jueves, a pedirle al Gobierno de Alberto Fernández que tenga prudencia y neutralidad frente a las elecciones de Bolivia del próximo 18 de octubre.

Es poco frecuente que medios de larga trayectoria y respetada reputación como La Nación de Buenos Aires se ocupe de nuestro país, y por eso es interesante recuperar su punto de vista ante la coyuntura actual que viven las relaciones de ambos países vecinos.

El citado editorial recuerda que la canciller de Bolivia, Karen Longaric, anunció en forma pública que remitirá a la Cancillería argentina un pedido expreso de restricción de las actividades políticas del expresidente Evo Morales en ese país, de conformidad con los criterios del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

Acnur establece que la concesión de refugio o asilo político no debe nunca amenazar la soberanía, la independencia política, la integridad territorial, la unidad nacional o destruir la estabilidad política, económica o social de ningún Estado, incluyendo el del propio país de origen del refugiado o asilado.

La Nación recuerda también que la presidenta Jeanine Áñez, a quien el Gobierno argentino no reconoce, hizo un llamamiento para que se tomen las medidas pertinentes con el fin de que los refugiados o asilados políticos bolivianos no incurran en actividades que afecten la estabilidad política de Bolivia mediante discursos que llaman a la violencia, al odio, a la discriminación o a la guerra.

“La prudencia sugiere que nuestro país debiera transmitir esa advertencia a Evo Morales para no enfrentar acusaciones de injerencia en los asuntos internos de nuestro vecino del norte”, dice parte de la posición editorial del influyente medio argentino.

El llamado de atención de La Nación -respetuoso, cauto, pero llamado de atención al fin- se produce a solo diez días de las elecciones del próximo 18 de octubre y después de prácticamente 11 meses de inadecuada vecindad que propició el Gobierno kirchnerista de Alberto Fernández y Cristina Kirchner contra el país y contra la presidenta Jeanine Áñez, a quien no solo la Casa Rosada no reconoce, sino que también hizo vergonzosos desplantes, como en aquella reunión del Mercosur del 2 de julio, en la que de manera maleducada el presidente Fernández se levantó cuando la mandataria boliviana comenzaba a hacer uso de la palabra.

A eso hay que sumar la permisividad con que los Fernández arropan los excesos del refugiado Evo Morales, quien desde su residencia del exclusivo barrio de Buenos Aires no ha cesado prácticamente ni un día de acosar al Gobierno boliviano y hacer llamamientos cuestionables a su militancia en el país.

Capítulo aparte merecerían las injerencias de funcionarios del Gobierno argentino que se reunieron con Morales poco menos que para rendirle cuentas de sus acciones y garantizarle que la comunidad boliviana que apoya la candidatura del Movimiento al Socialismo tendría todas las condiciones para votar en las elecciones.

Es una lástima que los intereses partidarios y las relaciones personales con circunstanciales aliados políticos populistas sea más fuerte que los lazos históricos y la relación entre dos Estados, como son Argentina y Bolivia. Ojalá que el llamado de La Nación haga eco en la Casa Rosada, aunque es poco probable.