Opinión

Que el Casco Viejo no se siga degradando

23 de enero de 2020, 3:00 AM
23 de enero de 2020, 3:00 AM

La compleja tarea de restaurar y revitalizar el Casco Viejo de Santa Cruz de la Sierra no termina de consolidarse en un proyecto de largo aliento que cuente con el financiamiento necesario y con la sumatoria de voluntades de instituciones públicas y privadas y de propietarios de los inmuebles que allí se encuentran. Pese a que ya se han ejecutado algunas mejoras por parte de la Alcaldía y la iniciativa privada ha hecho lo propio en algunos sectores, el centro histórico sigue registrando muestras de deterioro en su infraestructura, en aspectos de seguridad ciudadana y en su actividad económica.

La degradación del Casco Viejo comenzó hace varias décadas, cuando muchos habitantes de la zona cambiaron sus viejas casonas por viviendas en urbanizaciones cerradas que se construían en la periferia de la ciudad. Luego vendrían los centros comerciales y malls, que poco a poco fueron quitándole actividades comerciales a un centro urbano que antes concentraba a todas ellas. Los expertos en desarrollo urbano y territorial advierten que esta tendencia genera un desarrollo desigual, segregado y condicionado a niveles socioeconómicos, y justamente la recuperación del centro histórico de la ciudad es una forma de contrarrestar ese desarrollo sesgado.

Diversas instituciones y los propios vecinos ya han elaborado diversos estudios para determinar el estado en que se encuentra este patrimonio de los cruceños. Se sabe, por ejemplo, que más de un tercio de las fachadas del Casco Viejo se encuentran en mal estado y que más de un 6% de los predios se encuentran vacíos o abandonados. Incluso varias casonas monumentales corren el riesgo de colapsar porque sus propietarios no pueden cubrir los costos de restauración. Quizá hasta les conviene que terminen de caerse para que allí puedan construir algo con mayor perspectiva comercial.

En realidad, los únicos negocios del centro que parecen haber prosperado son los boliches, pero esta actividad no contribuye a los planes de revitalización. El consumo de alcohol, el ruido, la basura y la aparición de malvivientes y drogadictos conforman la lamentable imagen de la zona a partir de cierta hora de la noche. Esto, sumado a calles mal iluminadas y una sensación de inseguridad, termina desincentivando a los visitantes y a los propios moradores a desarrollar otro tipo de actividades.

Es cierto que ha habido acciones que buscan revertir la degradación de nuestro centro histórico. Se puede mencionar algunas de ellas: las aceras de las cuadras circundantes a la plaza principal han sido niveladas y uniformadas; se han abierto algunos centros culturales sobre la calle Sucre, y hay gestoras e instituciones que buscan convertir esta vía en una ruta cultural y gastronómica; en determinados momentos se ha incrementado la presencia policial y de gendarmes municipales, aunque los vecinos consideran que sigue haciendo falta más efectivos; los propietarios se han organizado de mejor manera y mantienen contacto con autoridades municipales.

Pese a los esfuerzos, aún queda mucho por hacer, desde ensanchar las veredas y pintar de un mismo color y señalizar los paseos principales, hasta retirar la maraña de cables que afean el paisaje urbano. Los entendidos no esperan que el centro pueda competir con los shoppings, pero creen que se puede impedir que se siga degradando y que se consiga que este espacio vital de la ciudad tenga vida suficiente con negocios abiertos por lo menos de 9:00 a 21:00. Señalan que hay que analizar qué se debe preservar y qué se debe cambiar para que el Casco Viejo vuelva a ser ese lugar con valor al que la gente le interese ir a pasear, comprar y vivir.

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