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OPINIÓN

¿Qué está pasando en Ecuador?

Omar Rilver Velasco 11/10/2019 03:00

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A poco más de dos años que Lenin Moreno asumió la presidencia se ha dado un golpe de campana en la política económica que pocos ecuatorianos podrían haberlo imaginado antes y cuya pesadilla parece recién estar comenzando.

El giro político comenzó con el distanciamiento que hubo entre el ex Presidente, Rafael Correa y su sucesor, Lenin Moreno, a los pocos meses que este último asumiera la Presidencia del Ecuador y quienes paradójicamente formaban parte de un mismo partido político. Las fricciones se agudizaron. Para entonces Correa ya había abandonado su país.

En los últimos años la economía ecuatoriana se ha estancado y presenta serios signos de insostenibilidad. La caída del precio del petróleo redujo el ingreso de divisas al país y el ahorro. Al ser una economía dolarizada, el fortalecimiento del dólar estadounidense le ha quitado competitividad a las exportaciones no petroleras como los bananos, el camarón, los enlatados de pescado y el cacao.

En abril de 2018, el gobierno de Moreno presentó 14 medidas para estabilizar la economía, reactivar la producción y el empleo. Se dio prioridad al equilibrio fiscal y la reducción del endeudamiento público a través de un recorte al aparato estatal, una lucha frontal contra la evasión fiscal y el incremento temporal de aranceles. Desafortunadamente, las medidas no fueron suficientes. Una de las últimas emisiones de deuda soberana fue la de enero de 2019 por un monto de $us 1.000 a una tasa de 10,75%.

Sin embargo, el financiamiento cada vez más escaso y un costo financiero en franco ascenso llevó al país (hace 7 meses) a firmar un acuerdo con el FMI por $us 4.200 millones. Parte del acuerdo con el FMI incluían reformas tributarias, laborales, recorte del gasto público y “optimización de los subsidios a los combustibles”.

No se necesita demasiada imaginación para anticipar lo que se avecina: el abandono del dólar como moneda de curso común hacia un régimen de flotación cambiaria, una reforma tributaria inevitable que implique una subida el IVA y del impuesto a la renta que termine de reventar el bolsillo de la población o una pronta privatización de Petroecuador en nombre de la eficiencia económica.

Ecuador no sólo perdió el curso de su soberanía económica sino que está transfiriendo el costo del endeudamiento con el FMI a la población ecuatoriana más pobre.