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Santa Cruz está desbordado. Las autoridades de salud lo reiteran sin descanso pidiendo piedad. Sin embargo, no deja de sorprendernos la cantidad de fiestas, reuniones, encuentros casi masivos a toda hora y en todo lugar. Digno de un análisis sociológico, la población ha perdido el miedo a la pandemia de coronavirus y decidió, sin más, soltar riendas al entusiasmo y salir fervorosamente a compartir en muchedumbre, convirtiendo todo en una bomba de tiempo sin asumir los altos riesgos que implican un contagio masivo de Covid-19.

Sin freno y desoyendo a las autoridades sanitarias y a quienes conocen del peligro que esto conlleva, miles de personas insisten en descuidarse y descuidar al otro, como si se tratara de un cuento y de una convicción de que ‘total, a mí no me va a pasar nada’.

El rebrote ya está aquí. Las cifras de contagios suman a diario en un porcentaje alarmante y las sanciones que quiere imponer la Alcaldía Municipal parecen resbalar en la conciencia del ciudadano común.

El mundo llegará pronto a los 73 millones de contagiados y a los 1,7 millones de muertos por Covid-19.

¿Qué está pasando? ¿El desquicio venció a la cordura? ¿Por qué insistir en salir a buscar el virus? ¿De dónde vendrá esa omnipotencia que nos hace creer que somos inmunes? ¿Inmadurez o estupidez? ¿Estará de moda contagiarse de coronavirus poniendo en riesgo a los mayores de la casa?

La vida parece haber sido arrinconada a cambio de un momento, raudo y pasajero de felicidad que nos da un brindis o una comilona.

Vaya, vaya, dónde nos ha puesto esta pandemia que sufrimos todos en el mundo desde marzo. Pareciera que no hubo mucha reflexión, ni introspección para poder rescatar los valores más puros, ni el conocimiento que nos ilustre sobre el significado de la vida y el respeto por uno mismo y por el otro.

“Lo siento de verdad, pero pagar un precio diario de 590 muertos, desde mi punto de vista, no es algo aceptable”, dijo la canciller alemana, Angela Merkel, la semana anterior. No era para menos. Europa decidió tomar nuevas medidas de restricción ante el incremento de casos, a pesar del acceso pronto a la vacuna anticovid. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) advirtió también que en las últimas semanas las Américas registran los niveles más altos de nuevos casos de Covid-19 desde el inicio de la pandemia.

Bolivia superó los 9.000 fallecidos y los 147.000 casos de Covid-19. En menos de una semana el crecimiento de casos se cuadriplicó en Santa Cruz de la Sierra. El lunes 7 de diciembre se habían registrado oficialmente 55 casos y el sábado 12, la cifra arrojó 218 personas contagiadas.

El Ministerio de Salud anunció que coordinará con las gobernaciones y las alcaldías una desescalada total de la cuarentena impuestas en marzo. La realidad ha superado las normas y a la ficción una vez más.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) pidió aumentar los esfuerzos de vigilancia durante las fiestas de fin de año. Ha comprobado y difundido que el número de muertes semanales ha aumentado un 60% en el último mes y medio. “La celebración puede transformarse muy rápido en duelo si no tomamos las buenas precauciones”, dijo el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus

La pandemia se escapó de las manos y el futuro es poco alentador. Creer que la solución será la llegada de las vacunas es mentirse, porque sabemos los problemas de las tardanzas, la difícil distribución y la poca disponibilidad con la que contará Bolivia. La única receta posible será saberse cuidar, cambiar esa actitud suicida que estamos adoptando para no llorar en las fiestas de fin de año la pérdida de nuestros seres más queridos.



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