Opinión

Qué nos trae el Nuevo Año

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Norah Soruco 27/12/2020 05:00

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Para el mundo cristiano, La Navidad celebra el nacimiento de Jesús en la tierra y envolventes aires de paz, amor y esperanza; para los que tienen otras creencias, al menos es tiempo de mayores oportunidades de trabajo por la circulación de los bienes que consume el aguinaldo de los trabajadores.

En el año que termina, todos tenemos ajado el corazón porque perdimos a un ser querido o cercano y hoy por desgracia, de nuevo nos atrapa la incertidumbre y el miedo. La Pandemia no se fue y parece volver con la fuerza y letalidad que nadie quiere, pero que con ironía extrema, la desafiamos y provocamos usando la negación como mecanismo de defensa ante la impotencia de su control y eliminación.

Pero también, azuzada por quienes no quieren asumir sus responsabilidades y se esconden tras la consigna de la negación, que el Virus no existe, que es un invento imperialista, que nos engañan para manipularnos hacia los intereses capitalistas, etc., etc. Las argucias políticas son ilimitadas!

Como tantas veces afirmamos, la realidad es muy terca y sigue ahí, pese al valor cero de la vida de los bolivianos. Ahí están los contagios acumulándose y los muertos causando dolor y desintegración de las familias. Ahí están, aunque se nieguen y no les importen a los sedientos insaciables de poder.

Irónicamente, este fin de año nos encuentra una vez más, en una campaña electoral de las tantas -como si el dinero público sobrara en una crisis tan severa- con una cantidad absurda de candidatos variopintos, buenos, regulares y pésimos.

Serán uno o dos máximo, los que en verdad saben de qué se trata el ejercicio de la representación y la administración de un gobierno, pero claro, con los malos ejemplos que tenemos en el haber, cualquiera cree que puede hacerlo, aprovechándose del derecho previsto en la constitución.

Denuncia tal desvarío y mal disimuladas intenciones, las escasas postulaciones a los Concejos Municipales y la Asamblea Departamental, desde donde con seguridad se podría hacer más por el colectivo ciudadano y el mentado ‘servicio al pueblo’ legislando buenas políticas y un eficiente control y fiscalización a las acciones de los alcaldes o gobernador.
 
Pero no, no les interesan y una vez más tales puestos serán parte de las listas adheridas al candidato que ocupe el ejecutivo, negociadas por factores totalmente ajenos a la capacidad, aptitud e idoneidad y menos a un proyecto histórico que lleve a los departamentos y municipios al mundo del futuro.

Racionalmente ésta debería ser la oportunidad de dar fin a la politiquería para tener ambos órganos de gobierno de gran talla. Si las organizaciones políticas fueran partícipes, de verdad, de tal imperativo, seleccionarían a sus mejores elementos para conformar los dos órganos de gobierno con esos mejores, y así bien podríamos tenerlos de lujo.

Cómo no quisiéramos tener candidatos técnicamente capaces, con visión estratégica, aptitud, idoneidad y transparencia en el manejo económico-financiero para optimizar los recursos para el desarrollo de sus funciones y el celoso cumplimiento del importante rol de los órganos deliberantes en las funciones legislativas y de fiscalización que la ciudadanía les delega con su voto. Pero dramáticamente, hoy esto aún es querer alcanzar un imposible, porque por lo que se ve, los candidatos han decidido seguir en las huellas trazadas por el neopopulismo, demostrando mal que les pese, ser excelentes discípulos de aquello que tanto condenan y repudian convencionalmente en el plano público.

Mucho se dice que el pueblo está empoderado, que sabe muy bien de su capacidad para encumbrar o derrocar gobernantes, pero en una mezcla de frustración y decepción nacidas de los hechos ocurridos recientemente, la ciudadanía tampoco se ha podido sustraer a ese pragmatismo inculcado con premeditación y alevosía desde los espacios del poder público.

Consiguientemente, como en los comicios pasados y en esas condiciones, será el ciudadano votante el que defina con su voto y tal vez a su pesar, entre las pocas opciones diferenciadas; la mayoría subyugados, ya no por grandes expectativas de solución a los crónicos problemas de fondo, sino reducidas a la pega o al pequeño beneficio que pueda lograr de lo que hay en esta generación política, dada la repetición de las promesas electorales propias del ‘prebendalismo clientelar’.

Por tanto, lo que queda es asumir la realidad, ocupar el transcurso del tiempo de las gestiones emergentes en la intensificación de la formación de valores ciudadanos, recuperar la autoestima colectiva y elevar la exigencia y la fiscalización y control en el cumplimiento de los planes y la administración del quehacer público, a quienes buscaron nuestro voto.
 

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