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26 de enero de 2019, 4:00 AM
26 de enero de 2019, 4:00 AM

Pese a que consultores políticos y especialistas en campañas electorales coinciden en señalar que el mensaje es clave para el triunfo o la derrota de cualquier opción electoral, hasta la fecha desconocemos cuál es la propuesta de los nueve binomios que aspiran conquistar al electorado boliviano.

Si bien la primera clave de una campaña electoral es el candidato, con un liderazgo auténtico, tanto en el entorno de su agrupación como hacia el exterior, si este no cuenta con un programa electoral que justifique por qué quiere ser el candidato elegido y por qué representa una opción mejor que la de sus adversarios, carecerá de sustento sólido que respalde su candidatura. Por tanto es imperativo saber:

¿Cuál es el modelo de desarrollo nacional o, más específicamente, cuál es la estrategia para superar el modelo ‘extractivista’, prebendal y rentista?

¿Cuál es la estrategia de preservación y aprovechamiento de la extraordinaria biodiversidad y del patrimonio cultural de Bolivia?

¿Es posible superar la subalimentación en Bolivia? ¿Es posible declarar a Bolivia país libre de mendicidad y de personas en situación de calle?

¿Es efectivamente el actual régimen autonómico un instrumento para superar el desarrollo desigual por la vía de una equitativa distribución del excedente nacional? ¿Habrá que avanzar hacia un sistema federal sobre la base de una regionalización por encima de la división político-administrativa?

¿Cuál es la estrategia para convertir el llamado bono demográfico traducido en una población mayoritariamente joven en una ventana de oportunidad que permita al país dar un salto en su desarrollo?

¿Cómo transitar del enfoque educativo centralista, repetitivo y memorístico, enfocado en el docente, a un sistema altamente descentralizado, orientado al desarrollo de la inteligencia emocional y de las habilidades y destrezas técnico-científicas de los niños, niñas y adolescentes en tanto sujetos de derecho?

¿Seguirá siendo una quimera el derecho a la vida y la salud? ¿Cuál es la estrategia para avanzar de manera efectiva en la transformación de una sociedad patriarcal, machista y ‘adultocéntrica’?

¿Será posible contar con un sistema de justicia que amerite ser tal?

Si se logra que al menos estas interrogantes sean respondidas por los aspirantes a la conducción del país, queda el gran desafío comunicacional de generar espacios democráticos y creíbles, sobre todo televisivos de análisis, reflexión y confrontación de propuestas, espacios que deberían ser articulados, concertados y sustentados con una base sólida de datos que den cuenta del estado de situación de las temáticas a ser abordadas, pero que además comprometan en esta tarea a académicos e investigadores comprometidos con la realidad y las aspiraciones nacionales.

En este sentido, me permito implorar a los candidatos y a los medios de comunicación que nos dejen ejercer el derecho básico a la información, a conocer para participar y, sobre todo, para decidir, y pongo públicamente mis servicios, mi disposición y mi voluntad para contribuir a este propósito.

Y lo hago convencido de que la única manera de superar la llamada ‘democracia plebiscitaria’ por la cual las elecciones se convierten en plebiscitos personales, en los que las adscripciones afectivas suplantan al debate de programas y la política se decide en función de la retórica mediática, es sin duda desplegando una vasta estrategia generadora de una cultura democrática cuya piedra de toque sea comprender que la democracia no es solo un sistema de gobierno; es más bien una forma de vida que se construye día a día entre todos los miembros de una comunidad para poder organizarse y convivir de manera armónica y pacífica, fundamentándose en el respeto a la dignidad humana, en la promoción de los derechos de cada uno de sus miembros, en la búsqueda permanente del bien común, la equidad, la justicia social y en la tolerancia de las distintas opiniones, creencias e intereses.

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