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Tras una densa campaña proselitista, cargada de insultos, guerra sucia y mucho esfuerzo por descalificar al adversario, llegó por fin el día de la votación. Hoy Bolivia elige a 4.962 autoridades subnacionales, entre gobernadores, asambleístas legislativos departamentales, alcaldes, concejales y, en algunos casos, corregidores, así como autoridades regionales e indígenas. 

Lo ideal es que en esta jornada se viva una verdadera fiesta democrática, aunque por el desempeño de los candidatos, es previsible que aún se vean mañas y acciones destinadas a obtener el poder a codazos, a como dé lugar. La votación de hoy marcará no solo el manejo del poder subnacional, sino la configuración del poder nacional.

Bolivia decidirá si consolida la supremacía del MAS en todos los niveles de Gobierno, haciendo caso a las advertencias del presidente Luis Arce (quien dijo que le resultará difícil coordinar con quien no comulgue con sus ideas) o generando un contrapeso desde las regiones; es decir, dando apoyo a fuerzas opositoras y obligando al diálogo y la concertación a la hora de hacer gestión y buscar el bienestar de los bolivianos. Cualquiera de las dos opciones está en manos del ciudadano de a pie. He ahí el poder de su voto. 

Asistimos también a las elecciones con más denuncias de los últimos tiempos. Por ejemplo, de manera insólita, el candidato a la alcaldía de Cochabamba, Manfred Reyes Villa, supo finalmente que estaba habilitado el último día permitido para la sustitución de postulantes. 

Del mismo modo, un día antes de los comicios, el Órgano Electoral dio a conocer la lista de aspirantes habilitados, lo cual genera confusión en los electores. 

Varias denuncias contra candidatos no fueron resueltas, ni antes ni después, como aquella presentada por inducir a funcionarios municipales a hacer campaña, entre otras. Hubo demoras lamentables para emitir dictámenes. 

Finalmente, fue insuficiente la información respecto a las papeletas, las medidas de bioseguridad y otros detalles fundamentales para que el ciudadano ejerza su derecho al voto. En cuanto a los candidatos, su desempeño ha sido lamentable en la mayoría de los casos. Propuestas convertidas en clichés para el show, antes que visiones integrales de departamento o de ciudad, de cara al futuro. Mucha acusación e insulto, poco respeto al adversario y menos consideración por el elector. 

A diferencia de otros años hubo espacios de debate, pero en ellos ganó el espectáculo antes que la riqueza de propuestas. Es de esperar que no se recurra a viejas mañas como el acarreo de votos o la búsqueda de ganar en mesa (pretendiendo anular el voto por el adversario); es decir, que se utilicen los peores métodos para imponer la conquista del poder como sea.

Es preciso que las autoridades electorales de cada recinto cumplan su rol a cabalidad; que las fuerzas del orden estén prestas para frenar los desbordes y que, en definitiva, gane quien tiene el verdadero apoyo de la ciudadanía. Cada uno de los bolivianos debe ser consciente de que su decisión individual contribuye a tener el gobierno departamental o municipal que definirá el destino de su región o ciudad por los próximos cinco años.

Es por eso que la elección no tendría que ser definida por cuestiones emotivas, sino por verdadera convicción y responsabilidad. Llegó el día de las elecciones que cierra un ciclo permanente de campañas. Desde 2014, Bolivia asistió a siete procesos en las urnas. 

Ojalá que tras estos comicios el país entre en un periodo de trabajo y de gestión. En suma, son varias las razones por las que el boliviano debe hacer que hoy se viva una fiesta electoral. 

Que defienda su voto y su voluntad. Que Bolivia ingrese en un periodo de paz social y de trabajo de sus autoridades.

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