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Quico, el aburrido y el graduado

Miércoles, 19 de marzo de 2025 a las 19:09

Por Redacción

Hernán Terrazas E.


Las campañas cambian y los candidatos hacen esfuerzos especiales por refrescar su imagen, tal vez porque ninguno, hasta ahora, cumple con el requisito de “renovación” que pide la gente.


Tuto Quiroga dice que no le importa que lo comparen con Quico, el popular personaje del Chavo del 8. Comenta en sus videos que sus cachetes inflados se los debe a su mamá y que prefiere ser cachetón a ladrón o pedófilo. 


Samuel también anda en el diván. Ahora produce Tik toks para afirmar que es mejor no tener carisma y ser aburrido, que ser corrupto. Y Manfred Reyes Villa acepta entrevistas en las que le preguntan cómo hace para que su bigote luzca siempre elegante, bien cuidado y, sobre todo, “negrito”, a pesar de tener ya 70 años. 


A falta de jóvenes, bueno es el maquillaje, los gestos, las sonrisas, los bailes, las jornadas maratónicas y un cierto desenfado e informalidad – los tenis de Quiroga, por ejemplo, o la chamarra de graduado de universidad gringa de Manfred -, con los que se pretende demostrar que algo de muchacho queda en el cuerpo de un adulto mayor.


Para ser justos, Doria Medina trabaja hace tiempo sobre esos temas. Tiene una organización que opera solo con adolescentes y en lo del Tik tok es el candidato con mayor recorrido y creatividad. Que ahora lo haga, no significa que improvise como lo hacen los otros, porque lo suyo tiene ya algo de historia.


En lo que fallan todos, quizá, es en no descifrar adecuadamente la agenda de la juventud. No se trata solo de ponerse un disfraz, sino de representar la obra que las nuevas generaciones quieren y para eso se necesita un libreto que todavía no se ve.


La mayoría de las encuestas muestra que los jóvenes no están muy seguros de por quién votar y que, si lo hacen, será por aquél con el que sientan que hay más sintonía, aunque no los convenza del todo. No hay necesariamente adhesión a un proyecto, sino a la imagen que más se ajusta al modelo ideal.


Están de por medio, claro, los problemas de todos: la falta de empleo y oportunidades, las fallas de la educación pública – y de la privada – la agenda ambiental y la brecha digital, entre otros temas que hoy preocupan a los jóvenes de diferentes segmentos sociales.


La acelerada urbanización del país ha determinado que las diferentes expectativas que antes existían entre un joven campesino y un citadino se vayan diluyendo, por efecto de las nuevas tecnologías, la familiaridad con las redes sociales y la cada vez mayor penetración del internet. 


La pantalla de los dispositivos se ha transformado en una suerte de espacio en el que se plasman deseos y ansiedades compartidas más allá de las diferencias. Tal vez por eso los candidatos han optado por focalizar el bombardeo de imágenes en ese recuadro oscuro, pero personal, en el que importan más los “guiños” que la profundidad de los mensajes.


Ahí Quiroga puede hablar de Quico y sus cachetes, Samuel de su carisma y Manfred presumir de un bigote bien peinado. Valen más uno segundos informales, que un minuto de discurso aburrido. A fin de cuentas, de lo que se trata es de abrir la ventana al joven que todos llevan dentro, así sea solo para estos tiempos en los que la búsqueda del voto le gana a la vergüenza.

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