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Racismo: su uso para la sedición

Jueves, 04 de junio de 2026 a las 04:00

Durante dos semanas he intentado explicar cómo es que el racismo es una de las causas —pero no la única— de la crisis en la que está sumido el país y, como era de esperarse, eso me costó más críticas que apoyos.

En esta tercera y última entrega sobre el tema me esforzaré en explicar cómo el racismo ha sido y es usado por corrientes políticas que se valen de sus efectos para exacerbar los sentimientos de las masas.

La estrategia es usar el discurso indianista basado en la leyenda negra colonial, esa que proclama que los indios fueron “esclavizados” por los españoles, que se habrían robado todos nuestros tesoros, y se atribuye el subdesarrollo a esa causa. Entonces, tenemos a los indios, que en Bolivia llamamos t’aras; y a los que supuestamente no son indios y solemos llamar q’aras. Aquí tenemos una división y corrientes como el marxismo la utilizan para reforzar su teoría de la lucha de clases.

Se considera al indio como un sector oprimido y, en lugar de ayudarle a salir de su opresión, se le incentiva a enfrentar a su opresor, el que supuestamente no es indio. Fernando Untoja ha advertido que “el marxismo —degradado, simplificado, convertido en catecismo— ha hecho un daño profundo a generaciones enteras. No porque proponga justicia social, sino porque enseñó a pensar en términos de excusas permanentes. Todo fracaso tiene un culpable externo. Toda miseria es responsabilidad ajena. Todo desastre es producto del ‘imperio’. Así se evita la pregunta verdaderamente peligrosa: ¿qué hicimos mal nosotros?”.

Y lo que hicimos mal es que no entendimos que la sociedad boliviana de hoy no es la sociedad charquina del periodo virreinal que —y eso también hicimos mal— fue equivocadamente denominada “colonial”.

Los indios étnicos fueron desapareciendo con los años, porque se mezclaron con los otros habitantes de nuestro país hasta convertirse en mestizos, pero eso es algo que no se quiere aceptar, porque choca con el discurso machacón que se repite incluso desde fines del siglo XIX.

Untoja dice que sobre las heridas de nuestra historia “también se construyó un largo proceso de adoctrinamiento ideológico” en el que el indio no solo era el sometido, sino también la víctima del no indio, del blanco, del q’ara.

Y, ya hablando de la crisis actual, aquí es donde entra el racismo: se ha aprovechado el hecho de que el presidente Rodrigo Paz nació en España y, pasando por alto la ciudadanía boliviana que adquirió legalmente, se lo ha tildado de “español”, pero en el sentido de la invasión, del autor del sometimiento, del ladrón de nuestros tesoros. La imagen se ha reforzado con mentiras como, por ejemplo, audios alterados en los que supuestamente critica las polleras y llama “sucias” a quienes las usan. El resultado es que mujeres de Yapacaní anunciaron un bloqueo pidiendo la renuncia de Paz, por haber insultado sus polleras.

Ya expliqué, en anteriores artículos, que la COB ha torcido la práctica sindical para exigir la renuncia del presidente, a tono con las “sugerencias” que lanzó Evo Morales desde el Chapare. Los bloqueos son una de las armas para desarrollar un proceso claramente sedicioso y se alimentan de racismo: están pidiendo que se vaya “el español” para que los “indígenas” tengan control de su territorio. Y ese no es un pedido justiciero, sino el resultado del adoctrinamiento ejecutado durante décadas por actores políticos.      

(*) Juan José Toro es Premio Nacional en Historia del Periodismo.

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