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Radiografía de un narco-Estado

Joadel Bravo 12/5/2021 05:00

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El término “narco-Estado o narcoeconomía” es un neologismo económico y político que se aplica a aquellos países cuyas instituciones políticas se encuentran influenciadas de manera importante por el poder y las riquezas del narcotráfico, cuyos dirigentes desempeñan simultáneamente cargos como funcionarios gubernamentales y miembros de las redes del tráfico de drogas narcóticas ilegales, amparados por sus potestades legales. Actualmente no existe ninguna institución u organismo que establezca criterios para definir qué es un narco-Estado.

Las organizaciones criminales transnacionales procuran que les otorguen los insumos necesarios para su desenvolvimiento y que el Estado no los encarcele. Actualmente Bolivia ofrece ambas cosas y se encuentra colindante con quien actualmente es el segundo mayor consumidor de drogas ilegales del mundo, Brasil. Además, colinda con uno de los dos principales productores de cocaína del mundo, Perú, y con el principal sembrador de marihuana de Sudamérica, Paraguay. Por otro lado, Argentina y Chile están experimentando un aumento en el consumo interno de drogas. Consiguientemente, la geográfica, nos incluye en el comercio de narcóticos sudamericano; y, si a esto le sumamos que Bolivia produce su propia droga, tenemos un paraíso de oportunidades criminales.

Aparejado a ello y mirando al pasado, la dictadura militar al mando del Gral. Hugo Banzer Suarez se constituyó en el primer Gobierno boliviano identificado por tener sólidos nexos con el narcotráfico. Solo que en esos tiempos la “guerra contra las drogas” no había empezado y primaba la Guerra Fría y la “lucha contra el comunismo”. La producción de coca destinada a la cocaína creció de 6.800 toneladas a 16.817, vale decir, 247 por ciento, materia suficiente para producir 62 toneladas de cocaína.

Después, llegó al poder Luis García Meza y Estados Unidos no reconoció a este Gobierno debido a su evidente relación con narcotraficantes, nazis y hampones. Lo que precipitó su caracterización como narcodictadura, lo que constituyó un escándalo internacional gestado en un programa de televisión “60 Minutos”, el hombre fuerte y ministro de Gobierno de aquel régimen, Luis Arce Gómez, cayó en desgracia. Fue calificado como el “ministro de la cocaína” por el célebre periodista estadounidense Mike Wallace en un documental sobre los vínculos de Arce con las mafias de la droga. La narcofama precipitó al régimen.

Seguidamente, en 1986, el Estado boliviano se vio envuelto en un megaescándalo de narcotráfico sin precedentes, caso “Huanchaca”, que desató una crisis dentro y fuera de Bolivia. El embajador de EEUU, Edward Morgan Rowell, y el jefe de la DEA en Bolivia, Frank Macolini, llevaron el resultado de las investigaciones estadounidenses al presidente Víctor Paz Estenssoro, le comunicaron que entre las personas involucradas en el caso se hallaba una perteneciente al círculo íntimo del presidente, por lo que un portavoz presidencial comunicó a los estadounidenses el deseo del mandatario de entregar el Gobierno a una junta militar. 

Ante esta posible ruptura del orden democrático, se propuso una salida concertada que, finalmente, fue aceptada por los americanos y el nombre de la persona aludida fue eliminado del informe y Paz sorteó aquella crisis. Sin embargo, el narcoescándalo causó una baja inesperada, Macolini, el jefe de la DEA, hizo llegar a sus superiores en EEUU el dato de que Rowell había alterado el informe. Días más tarde, Rowell abandonó Bolivia sin dar mayores explicaciones.

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