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29 de junio de 2019, 4:00 AM
29 de junio de 2019, 4:00 AM

La expresión rasgarse las vestiduras recoge una antigua costumbre del pueblo judío que, en señal de duelo, sus miembros rasgaban sus vestiduras ante la muerte de un ser querido; hoy se utiliza para mostrar la molestia, el dolor y la impotencia ante determinadas situaciones, como es el caso de la participación del seleccionado de fútbol nacional en un torneo internacional.

Ha terminado, una vez más, la participación del seleccionado de fútbol nacional en la Copa América, terminamos no solo últimos sino considerados la peor selección del torneo. Siguiendo con la costumbre, las reacciones vienen con la sempiterna costumbre de rasgarse las vestiduras por lo que ocurrió. Lo hacen, empezando por los periodistas deportivos, que además se consideran que son un summun de conocimiento, cuando en realidad no pasan de conocer algo de fútbol; siguen los dirigentes deportivos que, siendo responsables directos, asumen la posición crítica e hipócrita del ‘yo no fui’; y por último, el aficionado, al que no le interesa si hay o no respaldo económico y exige triunfos, sabiendo que la mediocridad de nuestros futbolistas no va a dar para más.

Corresponde decir: “no hay que rasgarse las vestiduras”, porque no se debe exagerar o dramatizar, pues lo acontecido no lo amerita, cada participación del seleccionado de fútbol nacional es el mismo cuento con el mismo final.

Es fácil destrozar a los jugadores, que bastante peso negativo deben tener en su fuero interno y que han dado lo mejor que tienen; al cuerpo técnico, que en el caso boliviano es como exigirle al mejor chef del mundo que prepare una comida fina y no se le da ni sal, ni alimentos ni ollas. En cambio, sí son responsables directos los dirigentes deportivos, porque no es de ahora es de siempre, ven primero sus intereses, su seguridad económica y después, si acaso, ven que se puede hacer de bueno con la selección nacional, pero de manera tímida y sin vocación de servicio.

Ahora, además, ante el fracaso, ante la mediocridad del fútbol nacional, los ineptos dirigentes deportivos y obviamente viendo más sus intereses que el futuro, han acordado destruir a los pocos futbolistas bolivianos que se van formando desde abajo, al postergarles indefinidamente su ingreso a las ligas mayores, porque han decidido que los extranjeros son mejores y más valiosos y adquieren mayor valor si se nacionalizan, no porque sientan al país en su corazón, sino que les mejora sus ingresos económicos, y así estén representando a Bolivia, en sus declaraciones públicas cuando están en el exterior no dejan de refregar en la cara que su nacionalidad de origen es otra. Nos fue muy mal en este último torneo internacional, pero cómo nos irá en adelante si no tenemos divisiones inferiores.

Finalmente, el fútbol es parte del país, necesariamente tiene que reflejar todo el contexto mediocre de lo que somos, no tenemos instituciones en todos los campos, y lo deportivo es parte de esa institucionalidad insuficiente y mala. Si queremos tener atletas buenos, primero debemos formar a nuestra juventud y niñez dentro de parámetros de excelencia en todos los campos y así, como consecuencia, tendremos mejores representaciones en torneos internacionales.

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