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Razones sin razón o sinrazones con razón

César Maldonado 21/7/2021 05:00

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¿Qué pasa cuando un propósito se rodea de demasiados argumentos, se disipa el propósito, el mensaje ya no es tan efectivo?

Quiero barruntar algunas ideas más apegadas a la filosofía que a la comunicación. En mis tiempos mozos, ciertos profesores astutos nos pedían ser claros y precisos en las ideas y en la expresión de ellas (no siempre los obedecimos o no supimos cómo hacerlo). Los españoles hasta tienen un dicho muy certero al respecto: “las ideas claras y el chocolate espeso”. Algún profesor enfrentaba a mis compañeros con preguntas muy concretas: “¿Eso lo dices tú o lo dice Descartes?”, por ejemplo. Otro, más impaciente, nos espetaba la siguiente sentencia cuando los jóvenes nos aventurábamos con atrevidas ideas: “¿En qué te basas muchacho?”. Quería que fundamentáramos nuestras afirmaciones, ya sea con autores, teorías o con fuentes fidedignas.

¿A dónde quiero llegar? No muy lejos. La narrativa de “golpe” sigue disfrazándose o vistiéndose de más y más casos; a este paso ya no se sabe si reales o simplemente fabricados. Hasta donde sé es que en el aniversario paceño el mismísimo presidente ha “aportado” más razones, sus razones: “el golpe” habría contado con ayuda argentina, ecuatoriana y gringa, por algunas ONG norteñas. Los casos siguen y siguen, a pesar de que la realidad o algunas pruebas parecen desquiciar los argumentos.

Lo que me preocupa no son tanto los argumentos o las razones que siguen aumentando la pesada carga o la liviana razón; lo que me acontece es preguntarme ¿hasta cuándo seguirán con esta hilera de argumentaciones y casos que no parecen tan probados o están probados a medias sin que su razón principal llegue a debilitarse del todo y caerse por su propio peso? No sé si alguna teoría del lenguaje sostenga que un mensaje, mientras más se diluye en sus pruebas, menos efecto y consistencia tiene. Supongo que los comunicadores tienen más argumentaciones para abordar este asunto.

Otra cosa que me acontece es que en esta trama parecen darse de codazos y convivir, no sé si en son de amantes o de buenos vecinos, la realidad con la fantasía, la fabulación con ciertos estados que se practican en la justicia. Por ejemplo, cuando parece que han llegado a desbaratar muchas cosas, la antigua presidente, sigue encarcelada porque se le siguen aumentando más razones para su permanencia carcelaria. El limbo legal sigue practicándose, ante la no certeza de probar nada. Esto es como el antiguo cuento de la Inquisición que condenaba a las brujas a la hoguera (no llamo bruja a nadie, por cierto, el asunto es sólo para comparación, por la caza de brujas). Dicen que una acusada se desdijo y renegó contra las meigas y que, al salir del salón inquisitorial habría afirmado: “Las meigas no existen, pero de habellas, haylas”. Esto puede tener más pedazos y colas como decir, “la injusticia no existe, pero de habella, hayla”. La persecución por el supuesto “golpe” no se sostiene en un piso firme, pero de ser un pretexto para otra cosa, lo es.

Cuando uno presenta demasiada imaginación y pruebas no del todo probadas se corre el peligro de cansar a los convencidos y de dar más razones a quienes se dedican a desvirtuar o a conseguir contrapruebas. No sé cuántos argumentos iniciales ya se olvidaron o han perdido fuerza, como los asuntos de la sucesión, si los oficialistas renunciaron o no renunciaron.
Los hechos pueden ser simples y favorecer tanto a quien las esgrime para asentar un caso, como para el que quiere echar por el suelo el caso.

Para no abundar en nuestro terruño, pero con sabios de nuestro terruño y de otros, quiero referirme a las últimas manifestaciones en Cuba.

Uno de nuestros caciques más consagrados ha dicho que esa es una represalia del imperio contra Cuba, porque ha sido el único país de este orbe que ha creado una vacuna contra la pandemia. No sé realmente la relación entre la protesta y la vacuna; es muy probable que se me hayan secado la inteligencia y las facultades comprensivas.

Lo más pintoresco es la declaración del vicepresidente de Venezuela, quien dijo que aquello de Cuba no se trató de una manifestación sino de una celebración por los resultados de la Eurocopa. Que sepa, Cuba es más afecta al béisbol que al fútbol. Como ven, “las meigas no existen, pero de habellas, haylas”.

La fiebre inventiva y argumentativa en política es sensacional y fascinante para quienes nos encargamos de imaginar y de buscar argumentos. Supongo que estas razones peculiares se sostienen porque los que las dicen y lanzan peroratas están en el poder y tienen todo un corro repitiendo y queriendo legitimar el discurso oficial y porque creen que, mientras más diluyan su mensaje con hechos de su hechura, darán más consistencia a su idea original.
Entre tanto, no nos llega el golpe de razón.

César Maldonado, S.I. es Sacerdote


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