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Con el fin de fomentar el turismo y el comercio, el Gobierno ha anunciado la reactivación del aeropuerto internacional de Chimoré que fue inaugurado en 2015 y que está en desuso desde 2019. Se trata de una de las terminales aéreas más modernas del país y cuya implementación le costó al Estado la friolera de $us 34,5 millones. Se utilizó por última vez para un acto proselitista de masas con motivo del retorno del expresidente Morales desde Argentina donde permanecía refugiado después de renunciar a su cargo en noviembre del año pasado.

Por el millonario desembolso que demandó su ejecución y por su utilidad casi nula, dicho aeropuerto pasó a formar parte de la larga lista de ‘elefantes blancos’ procreados por el despilfarro masista durante el periodo del auge mayor de la economía nacional. Los resultados de su anunciada reactivación plantean razonables dudas por cuanto dos líneas aéreas nacionales tuvieron que suspender sus operaciones hacia y desde Chimoré por su alto costo y baja rentabilidad.

Situación parecida es la registrada en la Planta de Amoniaco y Urea (PAU) en Bulo Bulo, Cochabamba, donde las principales autoridades del sector hidrocarburífero a la cabeza del ministro del área, Franklin Molina, realizaron una visita de inspección a sus instalaciones. Fue para nada más que constatar su paralización desde noviembre de 2019 y daños cercanos a los $us 160 millones en turbinas y equipos electrónicos. La PAU fue inaugurada dos años antes con un costo cercano a los 1.000 millones de dólares, no obstante que expertos desaconsejaron su construcción en ese lugar por su ubicación inadecuada, lejos de las líneas fronterizas, zonas portuarias y de los potenciales clientes. Responsabilizado de los daños y perjuicios emergentes, el gobierno de transición que duró once meses alcanzó a justificar la interrupción de las operaciones del costoso complejo petroquímico, al considerar que la industria era deficitaria.

El listado de los ‘elefantes blancos’ lo engrosan otros aeropuertos como el de Ixiamas que demandó una inversión de Bs 43.5 millones y está abandonado hace cuatro años y el de Apolo que costó Bs 44 millones pero únicamente fue usado en un vuelo inaugural; estadios como el Guadalupano en Entre Ríos, Tarija, cuya construcción demandó Bs 56 millones con un aforo de 12.570 plazas para una población de apenas 4.000 habitantes. En la tarijeña provincia O’Connor fue levantado un… ¡hipódromo! por Bs 45,5 millones mientras que en la fábrica de productos de litio se gastaron $us 600 millones sin resultados favorables hasta ahora. En Bermejo fue construida una planta de cítricos por Bs 70,9 millones pero la falta de producción la mantiene sin uso nueve meses del año.

En Orinoca apenas es visitado el museo de Evo Morales en el que se gastó Bs 49 millones mientras que en Cochabamba, la sede parlamentaria de Unasur financiada con $us 72 millones por el caudillo cocalero como si fuéramos los ricachones del vecindario, es utilizada para celebrar matrimonios y fiestas de promoción.

Para recuperar de alguna manera el dinero de los bolivianos ojalá que durante la gestión de Luis Arce Catacora puedan reactivarse o tener mejor uso obras que simbolizan el derroche irracional de recursos en un país de tantas carencias, necesidades y de otras prioridades.



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