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OPINIÓN

Recesión. ¿Con o sin inflación?

Gonzalo Chávez 24/5/2020 03:00

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La economía mundial y la boliviana enfrentan una recesión económica muy graves. En 2020, según el FMI, el producto mundial se contraerá en -3% y la economía nacional retrocederá en -3.4%. 

Para superar la crisis, la mayoría de los países en el mundo están adoptando una política fiscal (aumento de inversión y gasto público) y monetaria (incremento de crédito a tasas de interés bajas) expansivas. Se están implementando paquetes financieros multimillonarios para salvar el aparato productivo. Frente a este incremento importante de liquidez en las economías ha surgido un debate sobre lo que pasará con la inflación. ¿Se producirá una reducción en los precios o vamos rumbo a una subida de la inflación? 

En el caso boliviano, veamos la historia. En los últimos 100 años la economía ha vivido tres períodos recesivos importantes, a saber: En 1929, siguiendo la tendencia mundial, la economía boliviana entró en colapso (PIB per cápita) y el rebote en el fondo del pozo se dio en 1932, y la crisis se superó en 1938. En un primer momento, la inflación fue baja (16,6%) entre 1932 y 1935. Pero en el periodo 1936 y 1937, los precios subieron 64.1% y se mantuvo elevada hasta 1939. Juan Antonio Morales (Bolivia y los grandes ciclos históricos en los siglos XX y XXI) sostiene que este salto en la inflación se debió al financiamiento de la Guerra del Chaco con emisión monetaria.   

La segunda recesión comenzó en 1952, fue más larga que la anterior. La economía registró decrecimiento o crecimiento muy bajo por 16 años, medido por el PIB per cápita; duró hasta 1968 y el punto de inflexión se dio en 1959. En 1952, la inflación era de 30,9% pero en años posteriores aumentó. En 1953 llegó a 152,2%, bajo algo en 1954 y 1955, pero los precios se dispararon en 1956 llegando a 424,6%. A la recesión del período le siguió una fuerte inflación. Los precios se estabilizaron con el Plan Eder.

Finalmente, la recesión más grave comenzó en 1978 y la recuperación fue muy lenta y se retornaron a niveles del producto per cápita de pre crisis en el 2007, es decir 29 años después. El cambio de tendencia se dio allá por el año 1986 con la implementación del modelo neoliberal. Entre 1979 y 1981, la inflación aumentó en promedio, pero a partir de 1982, los precios se dispararon y llegamos a una hiperinflación de 8.170,5% en el año 1985. El D.S. 21060, estabilizó la economía.

Los tres episodios recesivos graves del siglo XX fueron seguidos de brotes en la inflación, el más grave fue a mediados de los 80. Entre tanto, las causas no solo fueron las políticas fiscales y monetarias laxas. La subida de precios también tuvo que ver con problemas estructurales de la economía boliviana. Temas de desigualdad, conflictos distributivos, crisis políticas, problemas de oferta y shocks externos negativos. 

¿Qué escenarios se vislumbran durante y después de la recesión del 2020 para la inflación? 

Al contrario del pasado, en Bolivia, el post pandemia parece que será de deflación, es decir de reducción en el nivel de precios. En los años 2018 y 2019, la tasa de inflación en el país fue menor al 2%. En los primeros 5 meses del 2020 los precios subieron en tan sólo 0,15%, en promedio. 

Si nos concentramos en la aproximación económica, en la actualidad, el aparato productivo nacional está parado debido a la cuarentena. Existe capacidad ociosa y menores costos de insumos: el precio de la mano de obra bajará, en especial en el sector informal, el crédito será más fácil y barato. En este contexto, frente a la expansión de los gastos e inversiones públicas y una mayor liquidez, el aparato productivo boliviano responderá aumentando cantidades producidas y no precios. 

Entretanto, las amenazas a este escenario de deflación, provienen del campo político y social y de lo que ocurra con el tipo de cambio. Se avizoran fuertes conflictos distributivos. Grupos sociales, regiones, empresarios, trabajadores, gremios presionarán al gobierno por diferentes tipos de ayuda y recursos. Claramente, no hay dinero para atender todas las demandas. Por lo tanto, existe el peligro que un gobierno, políticamente débil, tolere déficit públicos muy elevados o emita moneda sin respaldo. Esto puede disparar la inflación. 

También modificaciones en el tipo de cambio podrían provocar un salto en el nivel de precios. En los años ochenta, Bolivia sufrió el trauma de la hiperinflación, el tipo de cambio es como un ancla de las expectativas de la gente. Si el valor del dólar en bolivianos es estable, los precios relativos de la economía no se modificarán significativamente. Pero si el boliviano se devalúa, por ejemplo, puede encarecer las importaciones y producir ajustes defensivos de precios internos. Cabe recordar que la estabilidad del tipo cambio está conectada al nivel de reservas internacionales del BCB, si están son altas, no habrá sobresaltos, pero si estas caen y no se ve que a futuro la economía genere divisas, la presión por devaluación aumenta.