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8 de julio de 2017, 5:00 AM
8 de julio de 2017, 5:00 AM

Se trata de la escuelita ubicada en el barrio McDonald, que fuera construida en terrenos donados por el ingeniero Carlos Aponte Tineo y que el paso inexorable de los años había reducido a una antigualla que daba pena contemplar. Gracias al alcalde Percy Fernández, la escuelita “dejó su viejo mantón de espumilla” (Raúl Otero Reiche) y se transformó en un imponente módulo educativo.

“Este colegio -dijo el alcalde- puede durar 100 años porque fue pensado para los futuros estudiantes”, y no pudo evitar emocionarse hasta las lágrimas al recordar al donante del terreno, que fue su gran amigo. Esa amistad tiene larga historia. Comenzó en el seno de la empresa constructora Concibol, de grata memoria por ser la pionera en la construcción del alcantarillado de la ciudad, y en la cual el bisoño Percy, al lado de Aponte Tineo, hizo sus primeras armas con el hormigón hasta llegar a convertirse en un ‘capo’ del cálculo estructural. Consocio de Concibol fue el arquitecto Cristóbal Roda Daza, con quien Aponte Tineo fundó Cerámica Margla, vislumbrando el futuro que le esperaba a la ciudad en lo tocante a la construcción de viviendas, y no se equivocaron.
 
Aponte Tineo era yerno del patricio Melchor Pinto Parada, y estuvo a su lado en las luchas cívicas por el 11%, lo acompañó al exilio y, en momentos en que la persecución arreciaba, lo ocultó en la casa de su progenitora, Victoria Tineo de Revollo, sobre la calle Bolívar, y también en la casa de sus tíos Francisco Melgar y Julia Ramírez, sobre la 21 de Mayo, donde los rufianes del MNR ni sospechaban que pudiera esconderse.

El accidente aéreo ocurrido en Viloco (1969) truncó la rutilante carrera empresarial de Aponte Tineo, y no hay duda de que ese hecho luctuoso se agolpó en la mente del alcalde y lo pusieron sentimental a tiempo de inaugurar la obra. Hace poco me di una vuelta por el lugar y, efectivamente, de la antigua escuelita no quedan vestigios. En cambio, el módulo 134 es una maciza infraestructura de ladrillo visto que puede durar los 100 años calculados por el alcalde. Lamentablemente, ya no estaremos aquí para contarlo.  

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