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Reelección, inevitable tentación

Jorge Landívar Roca 19/6/2021 05:00

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El haberse establecido constitucionalmente en el país, la posibilidad de acceder a la reelección de autoridades de forma continua por una sola vez; ha dado pie a una serie de conjeturas políticas, entre ellas, las que merecen un juicio histórico negativo, especialmente porque su aplicación, a decir de varios analistas políticos, es conducente a comportamientos dictatoriales en el ejercicio del poder, lo cual, usualmente implica el manejo discrecional de la cosa pública.

Observamos esta conducta que puede resultar de alto riesgo y perjudicial para el desarrollo de la gestión que se instala, sobre todo cuando vemos que, inmediatamente, el propósito electoralista emerge de una autoridad recién electa y esto sucede en el orden nacional y local. El peligro asoma cuando la autoridad elegida comienza a pensar que es imprescindible, que es insustituible en dicho cargo, entonces ocurre que aflora un “dictadorcillo”; a pesar que el problema no radica en la figura misma de la reelección, prima para este discernimiento la cultura política del pueblo y su comportamiento electoral, cuyo efecto, pasadas las últimas elecciones y concluido el proceso electoral, se lo está empezando a percibir.

Sobre la reelección existen diversos criterios con relación a ésta; cabe señalar que la gran mayoría converge en que la reelección crea condiciones favorables para el abuso de poder, teniendo como corolario: la “gestación de dictaduras”, siendo, además un óbice para la saludable renovación de cuadros partidarios y el remozamiento de liderazgos políticos. Otro aspecto que desmerece al fenómeno electoral de la reelección, ya sea que se realice de forma consecutiva o por periodo interpuesto, es el de generar circunstancias adecuadas que incentivan la conformación de roscas y entornos alrededor de la autoridad electa; en muchos casos integradas por sicofantes y lisonjeros, cuyo propósito es medrar a la sombra del poder; muchos de ellos, los más oficiosos, una vez concluido el proceso electoral y con el candidato elegido ya posesionado en el cargo, presurosos se afanan por elaborar la nueva estrategia que justifique y acredite la pretensión de reproducir el poder.

Una vez persuadido y convencido el líder o autoridad sobre la necesidad de postularse una vez más, el solícito entorno político, con mucha diligencia, acudiendo al privilegio que le otorga la cercanía a la función de quien pretende repetir el cargo, se ocupará de planificar las operaciones encaminadas a lograr este cometido, es decir, a concebir las acciones adecuadas destinadas a desbrozar el camino que se deberá transitar para lograr ese propósito, procurando, entre otros aspectos, apartar a futuros y posibles adversarios que se presume, participarán de la próxima contienda electoral, y desde luego, si es necesario, se podrá recurrir aviesamente a todo tipo de artimañas, para lo cual se deberá utilizar el “maravilloso instrumento del poder”, como lo adjetivaba un ex presidente de la República.

Sin lugar a dudas, lo dañino para una gestión que empieza a producirse, resultado de una consulta popular, es que el vencedor de ella, luego de acceder al cargo se aboque o dedique parte de su tiempo a pergeñar su reelección y para ello desempeñe su función guiado por esa finalidad, trasluciendo uno de los aspectos que más perjudica una administración, y es cuando el recién posesionado, además de poner atención en derribar oponentes, con convencimiento, prioriza “el quedar bien”, por sobre “hacerlo bien”, como es natural que suceda.

Queda entonces como tarea pendiente y tema central para el debate, además de lo señalado, el análisis del “prorroguismo”, como sinónimo de antidemocracia.

Jorge Landívar Roca / Exministro de Estado

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