Opinión

Reflexiones sobre libros y librerías

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7 de abril de 2018, 7:00 AM
7 de abril de 2018, 7:00 AM

Abril nació con una mala y triste noticia: el cierre de una más de las librerías de Santa Cruz de la Sierra. En los últimos años han sido más las que se vieron obligadas a abandonar el sueño de inundar de libros a los pobladores de esta ciudad, que las que se embarcaron en hacerlo. 

El porqué de esa realidad es una pregunta que debe golpear a las familias, a los educadores, a las autoridades y a todos en esta sociedad. ¿Qué pasa? ¿Es verdad que no se lee? ¿Son muy caros los libros? ¿Será que los libreros no entienden de negocios y por eso fracasan? ¿O será que el público compra más libros ‘pirata’ que originales? Esas y otras interrogantes fueron planteadas en esta redacción, con explicaciones diversas porque no hay estudios que permitan saber cuánto lee en promedio el boliviano o el cruceño, qué tipo de lecturas prefiere, entre otros, que ayudarían a identificar el problema y a buscar soluciones.

Un educador con amplia experiencia expresa que en el aula se enseña a leer, pero es en el hogar donde se cultiva el amor y el placer de la lectura; por eso pregunta si los libros son un artículo de primera necesidad, así como los televisores, o si hay bibliotecas en las casas o si los niños y adolescentes reciben el ejemplo de parte de sus padres.

Por otro lado, es también cierto que en la ciudad abundan y aumentan los puestos de venta de libros fotocopiados, también conocidos como ‘piratas’, que son vendidos por personas que no tributan ni tienen los costos que se imponen a las librerías legalmente constituidas, lo cual implica un castigo para todos porque los establecimientos formales finalmente se ven obligados a cerrar.

Asimismo, es bueno mirar hacia quienes tienen el poder de realizar campañas o desarrollar políticas de incentivo a la lectura: el Estado en sus tres niveles de Gobierno. El interés público se evidencia cuando se revisan las cifras crecientes de visitas a la Feria del Libro, que se realiza una vez al año en Santa Cruz. ¿Por qué no desarrollar la creatividad que ayude a enamorarse de las letras en los centros culturales, en las unidades educativas, en los parques urbanos? ¿Por qué no comprender que el desarrollo de un pueblo también se mide en las habilidades de comprensión, de empatía y en otras que solo se consiguen sumergiéndose en el mundo literario y no solo en la construcción de edificaciones?

En suma, son varias las reflexiones necesarias en este momento. No alcanza con lamentar el cierre de las librerías, algo hay que hacer al respecto. La responsabilidad es de todos y hay que asumirla si queremos construir una sociedad más formada y cargada de valores que edifiquen, en lugar de destruir.

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