Opinión

Reforzar la vigilancia de Palmasola

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28 de febrero de 2018, 4:00 AM
28 de febrero de 2018, 4:00 AM

Otra vez la cárcel más poblada del país está en el centro de la atención pública. Una grave denuncia de un caso de supuesto abuso sexual contra una niña de 8 años dentro del penal de Palmasola ha reabierto la discusión sobre la calidad de la vigilancia. La presencia de niños en el centro penitenciario es otro asunto clave sobre el que se deben tomar decisiones, sobre todo para garantizar la seguridad y el bienestar de los infantes.

Hasta ahora ha sido casi imposible corregir problemas estructurales de Palmasola. A veces falla hasta lo mínimo, que es el control de las visitas. De acuerdo con algunos testimonios, una niña fue abusada, e incluso filmada con un teléfono celular, lo que evidencia la precariedad de la vigilancia, sobre todo en régimen abierto.

En realidad, el control en esta zona es administrado por los propios presos, que son los que descubren la comisión de delitos como el que presuntamente acaba de ocurrir y que ha derivado en la trágica muerte de una madre, que es además sindicada de ser cómplice del ultraje sexual por un violador.

Ha sido muy difícil solucionar el problema de las decenas de niños que viven en el penal, sobre todo porque los padres se resisten a separarse de ellos. Al carecer de condiciones que definan a Palmasola como un centro de rehabilitación o de reinserción de los presos, los menores que viven dentro se exponen a influencias negativas durante una etapa en la que deberían básicamente recibir educación y disfrutar del ocio sano. Se entiende la dificultad que implica alejarlos de sus progenitores que pagan sus sentencias, pero los infantes requieren de atención especial, sea en guarderías o espacios adecuados.

De otro lado, no puede haber tanta desprolijidad en las visitas a la cárcel. Tampoco se entiende tanta libertad en el uso de equipos de comunicación dentro del penal. De acuerdo a la explicación de algunas autoridades, el problema no radica en la falta de recursos humanos para realizar una vigilancia adecuada, sino en la carencia de tecnología. Cada vez que se descubre un delito cometido o dirigido desde Palmasola se insiste en la idea de un “paraguas” para bloquear las señales de los celulares que usan los reos. Sin embargo, no se avanza.

Como en otras ocasiones, el reciente caso denunciado ha vuelto a disparar la polémica  sobre las responsabilidades y roles en los controles y sobre la constante vulnerabilidad de la seguridad del penal. Vuelve a plantearse también la idea de construcción de una penitenciaría más moderna para la ciudad que más crece en Bolivia. Sin embargo, si no se puede llegar a una decisión tan grande como la de edificar otra cárcel, al menos con algo de voluntad política se puede reforzar la vigilancia interna, ordenar las visitas y ofrecer condiciones de seguridad a los niños que entran al penal.

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