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28 de julio de 2017, 4:00 AM
28 de julio de 2017, 4:00 AM

Doctrinalmente el delito es la acción típica, antijurídica, culpable y punible. Para la escuela positiva, es una acción porque el delincuente planifica la comisión delictiva, selecciona los instrumentos con los que va a cometer el ilícito penal (comúnmente armas de fuego, granadas de mano, etc.). En muchos casos, los avezados delincuentes, para proteger la vida o lograr su fuga, toman rehenes como escudo humano. Generalmente quienes sufren los delitos son los bancos, cooperativas, farmacias, joyerías, relojerías y comercios que manejan mucho dinero en efectivo. 

Los delincuentes cuando actúan criminalmente quieren tener la menor cantidad de obstáculos, excepto cuando son sicópatas. La alevosía es la marcada ventaja con la que los delincuentes tienen el factor sorpresa y hallan desprevenido al sujeto pasivo de la acción y este, en muchos casos, queda impávido por temor a la agresión violenta corporal o sicológica. 

Sin embargo, esta situación se puede alterar según las circunstancias, cuando la organización criminal se ve sorprendida y asediada por las fuerzas del orden. En ese instante la banda de forajidos deja o toma el botín y contraataca con todo lo que esté en sus manos, sin importar quién salga herido o muerto porque lo que les interesa es fugar del lugar y salvar la vida. En esa circunstancia, toman rehenes y la situación se vuelve más dramática. La Policía no puede enfrentar directamente el tiroteo porque hay que tratar de negociar por la protección de la vida de los inocentes. Es verdad que las escaramuzas vertidas generarán la respuesta violenta a los agresores y el tiroteo será de ida y vuelta. Hay que mediar un plan estratégico porque si no, los muertos aumentarán de un lado y del otro.
 
Tampoco hay que rematar al delincuente que está tirado en el piso, porque si se lo toma cautivo él delatará a los demás tentáculos de la organización delictiva (siempre que no represente una amenaza). Hay que evacuar la zona en conflicto y convocar a otros policías profesionales en la toma de rehenes y no enfrentarse a lo ‘que salga’. Esto nos impulsa a lograr una mejor profesionalización y capacitación de élite de la Policía para que su actuación esté plenamente identificada a las necesidades que se requieren en este tipo de acciones delincuenciales, a fin de evitar muertes innecesarias. 

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