En Santa Cruz de la Sierra, cada lluvia persistente vuelve a poner en evidencia problemas estructurales en numerosas obras de pavimentación ejecutadas a lo largo de los años. No son pocos los vecinos que llegan a preguntarse si no estaban mejor cuando sus calles eran de tierra, pues algunas de las nuevas vías terminan convirtiéndose en grandes charcos de agua que inundan viviendas.
Detrás de estas situaciones suele existir un denominador común: la falta de planificación integral. En muchos barrios, la pavimentación de calles parece haberse ejecutado sin considerar adecuadamente el sistema de drenaje pluvial. A este problema se suman obras inconclusas, deficiencias en la calidad del hormigón y una insuficiente atención al mantenimiento posterior. Los baches y hundimientos que proliferan en distintos puntos de la ciudad son síntomas de una infraestructura que no siempre fue ejecutada ni supervisada con el rigor técnico necesario.
Las observaciones realizadas a proyectos de la anterior gestión municipal constituyen una muestra de la magnitud del problema. Once obras de pavimentación fueron cuestionadas ante la Contraloría debido a retrasos en su ejecución, diferencias entre lo certificado y lo efectivamente construido, fallas en la calidad de los trabajos y deficiencias en los sistemas de drenaje.
Otros ejemplos de deficiencias abundan en la ciudad. En la avenida Pero Vélez, a ambos lados del canal de drenaje del mismo nombre, un tramo quedó sin pavimentar pese a la construcción del puente destinado a conectar ambas vías. Como consecuencia, el agua se acumula en el sector inconcluso y también sobre la estructura, obligando a concentrar el tránsito en un solo lado y generando congestionamientos y riesgos para conductores.
Algo similar ocurre en la radial 17 y medio y noveno anillo, donde dos tramos de pavimento nunca llegaron a conectarse. El resultado son extensos sectores deteriorados, cubiertos de agua y lodo durante las lluvias, que dificultan la circulación vehicular y afectan a los peatones.
La avenida G-77 constituye otro ejemplo emblemático. Construida con premura en vísperas de una importante cumbre internacional, presentó problemas de drenaje prácticamente desde su inauguración. Hoy, años después, el deterioro acumulado exige una intervención de fondo para recuperar una de las vías más importantes de la ciudad.
La cantidad de reclamos vecinales confirma que no se trata de casos aislados. Solo en un distrito municipal se registraron más de 350 solicitudes relacionadas con pavimentos deteriorados y problemas de drenaje. Estas cifras revelan una demanda ciudadana insatisfecha y evidencian que el mantenimiento vial no ha recibido la prioridad que requiere una urbe del tamaño y dinamismo de Santa Cruz.
En este contexto, la nueva administración municipal ha comenzado a ejecutar trabajos de bacheo y ha anunciado que prevé concluir una parte importante de estas intervenciones hasta octubre. Asimismo, la habilitación de plataformas digitales para que los vecinos reporten problemas constituye una iniciativa positiva que puede contribuir a una atención más ordenada, transparente y eficiente.
Santa Cruz necesita una verdadera reingeniería de su infraestructura vial. No basta con reparar los daños más visibles; es necesario corregir deficiencias acumuladas, fortalecer procesos de planificación, mejorar la fiscalización de obras y garantizar programas de mantenimiento. Cada nueva inversión debe responder a criterios técnicos rigurosos y a una visión integral de ciudad. Esa es una deuda pendiente que las autoridades tienen la obligación de saldar.